8 niños cercanos al niño contagiado de difteria son portadores de la bacteria

24

La Agencia Catalana de Salud Pública ha confirmado que han detectado 8 niños portadores sintomáticos de la difteria. Esto significa que pueden transmitir la enfermedad pero no la han desarrollado porque están vacunados.
Los expertos no saben cómo han adquirido el bacilo y recomiendan la vacunación de todos los niños que vayan de campamento.

Mientras el niño de 6 años de Olot (Girona) permanece en el hospital Vall d´Hebron en estado grave, se acaba de conocer que 8 niños han dado positivo en el control que detecta la bacteria portadora de la difteria.

Para detectar el bacilo, los técnicos de la Salud Pública realizaron una prueba conocida como frotis faríngeo a 56 compañeros que habían acudido al campamento con el niño infectado por difteria. De los 56, 8 dieron positivo. Se trata de un porcentaje relativamente alto, es decir un 14%.

En España la enfermedad no se detectaba desde 1987. Actualmente los 8 niños portadores de la enfermedad permanecen en casa y están recibiendo un tratamiento con benicilina benzatina para eliminar el bacilo. La difteria puede permanecer en el cuerpo del portador hasta 6 meses.

Este hecho ha abierto un intenso debate sobre la obligación o no de vacunar a los niños y sobre los movimientos contra las vacunas. El origen de los movimientos antivacunas está asociado a un artículo que se publicó en 1998 en The Lancet, relacionando las vacunas de la triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) con el autismo.

La desinformación puede llegar a ser más peligrosa que las propias infecciones. 

Más tarde, se demostró que el estudio dirigido por el médico británico Andrew Wakefield había sido un engaño: se habían falseado los datos. Pero el daño ya estaba hecho (y sigue estándolo).

En países como Francia, EE.UU o Inglaterra, los movimientos contra las vacunas se han convertido en un grave problema. Muchos padres, para pasar la enfermedad e inmunizar a sus hijos, organizan fiestas como la del sarampión o la de la varicela.

La evidencia científica ha demostrado los beneficios de las vacunas, reduciendo las enfermedades infecciosas, el sufrimiento, las secuelas físicas y psíquicas y los fallecimientos provocados por las infecciones.

En febrero de 2015, se produjo un grave brote de sarampión, que tuvo su origen en el parque de atracciones Disneyland. Este hecho se produjo debido al descenso en la cobertura de la vacunación. Se detectaron 100 casos en 14 estados de EE.UU.

Los llamados movimientos antivacunas siembran dudas acerca de la seguridad y la efectividad de las vacunas infantiles. Dicha negativa plantea un conflicto de valores entre el derecho de los padres a la crianza de sus hijos según sus creencias, el de justicia e incluso el de no maleficencia, pudiendo poner en riesgo a sus hijos y a otras personas de la comunidad que por motivos variados no hayan podido ser vacunados.

En España las vacunas no son obligatorias y los padres pueden decidir si vacunar a sus hijos o no. La AEP lleva años insistiendo en la importancia de las vacunas y en la armonización de un calendario de vacunas único y de máximos para todo el territorio español.

Las vacunas son seguras y efectivas: salvan vidas. La cobertura de vacunación es de un 95%  hasta los 3 años de vida. Las vacunas comunes que se administran en el primer año de vida son la de la hepatitis B, difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis, Haemophilus influenzae tipo b, meningococo C. En el segundo año, los niños reciben la vacuna de la triple vírica (sarampión, rubeola, parotiditis).

La Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de su Comité Asesor de Vacunas y de su Comité de Bioética, no se manifiesta favorable a que las vacunas sean obligatorias por ley. La razón principal es que este hecho podría provocar sentimientos negativos hacia las vacunas.

Por el contrario, es partidaria de proporcionar información precisa y veraz sobre los beneficios y riesgos de la vacunación para que los padres puedan decidir de forma consciente y responsable si vacunar o no. Pero en caso de decidir no vacunar, deberían firmar un documento de no aceptación de la vacunación, reconociendo su responsabilidad por las posibles consecuencias médicas, éticas y legales, individuales y sociales, de su decisión.

Más información