Hipoacusia o sordera infantil: ¿cómo afecta la sordera congénita a los bebés?

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La sordera infantil es un trastorno que afecta al desarrollo del bebé, especialmente a lo relacionado con la comunicación y el lenguaje. Hoy en día, su detección precoz está bastante generalizada puesto que existen pruebas médicas para ello. Se dispone de varias posibilidades de tratamiento para esta patología.

La sordera infantil, también conocida como hipoacusia, es la incapacidad para oír los sonidos.

Existen diferentes grados de sordera infantil, que van desde la dificultad para oir los sonidos hasta la incapacidad para escucharlos por completo. Esta circunstancia afecta en gran medida al desarrollo del lenguaje. De hecho, un niño con sordera congénita difícilmente podrá hablar con normalidad. Pero también afecta a otras áreas de su desarrollo social, emocional e intelectual.

Este trastorno es relativamente frecuente en los bebés recién nacidos, pero no se manifiesta de forma evidente durante los primeros meses de vida del bebé. El 80% de las sorderas infantiles está presente en el momento del nacimiento. Es decir, uno de cada 750 niños recién nacidos normales puede estar afectado de sordera congénita.

La mayoría de los niños sordos nace en familias que escuchan con normalidad. En España esto significa que cada año nacen alrededor de 1.200 bebés con hipoacusia neurosensorial (sordera permanente) y unas 1.500 familias están afectadas por la presencia de una discapacidad auditiva en uno de sus hijos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y de la Comisión para la detección precoz de la hipoacusia en recién nacidos (CODEPEH) del año 2000. 

La sordera afecta al desarrollo del lenguaje del bebé

Un bebé con sordera congénita no puede aprender a hablar de forma normal. Esto alterará sus relaciones con los padres y con otros niños. Pero la sordera infantil también afecta a otras áreas de su desarrollo emocional, social e intelectual del bebé. 

Un niño con sordera tiene más dificultades para aprender y entablar relaciones con su entorno (padres, amigos, familiares…). Y una sensación común en los niños que tienen sordera es sentirse aislados de la realidad que les rodea. 

Si se detecta precozmente la sordera, se podrá favorecer con diversos tratamientos que desarrolle alguna capacidad para oír y mejorará notablemente el desarrollo de su lenguaje.

¿Cómo se detecta la sordera congénita?

Hasta hace poco detectar la sordera en bebés recién nacidos era un difícil reto para la comunidad científica. En la actualidad esta circunstancia es posible gracias a la implantación de Programas de Detección Precoz de la Sordera.

En España, todas las Comunidades Autónomas (CC.AA) tienen puesto en marcha el suyo desde el año 2010. El cribado auditivo universal, también conocido como screening neonatal, permite establecer un diagnóstico definitivo de pérdida auditiva en bebés de hasta 2 meses de vida, como media de edad.

Esta prueba totalmente indolora se realiza a todos los bebés recién nacidos antes de recibir el alta en el hospital. Según el centro hospitalario, el cribado auditivo universal puede ser mediante Otoemisiones Evocadas Transitorias (OEAT) o Potenciales Evocados Auditivos Automáticos (PEATCa).

Ambas pruebas son válidas para el diagnóstico, aunque los PEATCa obtienen resultados mucho más precisos que los OEAT, que sólo detectan las pérdidas auditivas que dependen de la respuesta de la cóclea. La prueba de los Potenciales Evocados Auditivos Automáticos es la que en la actualidad recomiendan los organismos nacionales e internacionales especializados en velar por la efectiva detección precoz de la pérdida auditiva.

¿Cuál es la diferencia entre las OEAT y los PEATCa?

– Otoemisiones Evocadas Transitorias (OEAT)

En las Otoemisiones Evocadas Transitorias se coloca una pequeña sonda en el oído del bebé que emite un sonido. Esta sonda recoge la respuesta de la cóclea (estructura con forma de caracol situada en el oído interno). Esta prueba es muy rápida.

– Potenciales Evocados Auditivos Automáticos (PEATCa)

En cambio, la prueba de los Potenciales Evocados Auditivos Automáticos requiere más tiempo. Consiste en colocar unos electrodos en la cabeza del bebé. Se le manda un sonido y dichos electrodos recogen la respuesta a nivel cortical del sonido.

Causas de la sordera congénita en bebés

Los especialistas han elaborado una lista rápida que permite sospechar si existe algún factor de riesgo de sordera en cada bebé concreto.

Para recordarla, mejor utilizan un acrónimo, o sea, una palabra clave cuyas letras dan las pistas acerca de dichos factores de riesgo. Para la sordera utilizan la palabra hearing que precisamente significa audición en inglés.

He aquí las claves:

  • H de Herencia ¿Existe algún sordo en la familia?
  • E de Ear (= oreja en inglés) ¿Tiene el bebé alguna anomalía visible en las orejas? ¿Sus orejas son de aspecto normal?
  • A de Anoxia o de Apgar ¿Tuvo el bebé algún problema en el nacimiento? (Por ejemplo un test de Apgar bajo o que necesitara reanimación).
  • R de Recetar ¿Ha tomado algún fármaco dañino para el oído? (Pueden serlo algunos antibióticos como gentamicina, kanamicina, estreptomicina, tobramicina y algunos diuréticos).
  • I de Infección ¿Ha tenido alguna infección congénita, tales como: Toxoplasma, Rubéola, Citomegalovirus, Herpes o Sífilis?
  • N de Neonatal ¿Tuvo que ser ingresado por algún motivo serio en los primeros días: una sepsis, una meningitis neonatal, hemorragia cerebral, respiración asistida …?
  • G de Growth (= crecimiento en inglés) ¿Ha nacido con poco peso?

¿Qué podemos hacer para tratar la sordera infantil?

Si un bebé tiene algún factor de riesgo o si los padres detectan alguno de los signos de alerta, deben comentarlo con su pediatra para que éste valore al bebé y solicite las pruebas necesarias.

Si se confirma un defecto de audición, cuanto antes se corrija, mejor evolucionará el niño. Las posibilidades de tratamiento incluyen:

  • Audífonos: los aparatos para facilitar la audición se pueden colocar a partir de los 6-8 meses de vida.
  • Logopedia: será necesaria durante un largo periodo.
  • Implante de cóclea en niños mayores de 12 meses con defectos concretos.