En el segundo mes de vida del bebé se produce un «bache» que coincide con el fin de la cuarentena

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El «bache de los 2 meses» es la primera de varias crisis que el bebé tendrá que afrontar a lo largo de su primer año de vida. En algún momento del segundo mes de vida del bebé, es posible que le notes más llorón. Llorará para que le alimentes más a menudo y probablemente necesitará más leche para quedar satisfecho. Todo ello responde a su ritmo de crecimiento.

La cuarentena tradicionalmente se considera una fecha «clave» porque:

  • La madre ya se ha recuperado. Ya no expulsa loquios. Vuelve a hacer vida normal. (En la antigüedad, la mujer era impura cuando tenía flujo genital de cualquier tipo, por eso había ritos de purificación después del parto). Por lo general se hace una revisión ginecológica.
  • La lactancia ya está establecida.
  • El bebé da indicios de madurez: sonríe, balbucea

En realidad no es una cuestión de cifras (40 días exactos), ya que cada mujer y cada bebé necesitan su tiempo.

Sin embargo, es común que exista un «bache» o una crisis en torno a las 5 -7 semanas de vida del bebé.

Está más llorón, pide de comer a menudo, la madre piensa que se ha quedado sin leche o siente nuevas dudas acerca de su propia capacidad.

Recientes investigaciones han confirmado la intuición de un psiquiatra infantil muy importante, Brazelton, que había observado que, en determinado periodos, los bebés muestran inquietud o comportamientos algo distintos de lo habitual, lloran más y parecen incómodos.

Esto se debe a que la maduración del cerebro del bebé no es siempre homogénea, sino que de vez en cuando «da un salto», aprende algo nuevo, adquiere nuevas capacidades.

El bebé siente que su mundo está cambiando. Estos pequeños «baches» se producen varias veces a lo largo del primer año.

También el crecimiento del cuerpo se produce «a estirones».

Hay etapas en que el bebé necesita más alimento porque está creciendo más deprisa.

Si el bebé toma el pecho, la madre quizá piense que tiene menos leche, pero es una cuestión de adaptarse. Y la leche se producirá según las necesidades del bebé.

Si toma biberones, al ver que termina todos, es probable que se le aumente la cantidad (Recuerda: siempre un cacito raso por cada 30 c.c. de leche).

Pero entonces, al terminar el «estirón», la madre se sorprenderá de que ya no termine todos los biberones como antes.

Si el bebé está tranquilo y parece satisfecho, no hay que insistir en que termine siempre los biberones.

No hay que seguir al pie de la letra las indicaciones del envase de fórmula infantil respecto a las cantidades y al número de tomas. Dichas cantidades son orientativas.

Algunos bebés tomarán eso, otros necesitarán más y otros quedarán satisfechos con mucho menos.

Tras un «bache» se sigue casi siempre con un periodo de tranquilidad en que se puede disfrutar de las nuevas habilidades del bebé.

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