¿Cómo deben ser los primeros zapatos del bebé?

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Con la «medicalización» de los cuidados de puericultura, han proliferado teorías y opiniones de expertos sobre los zapatos infantiles. Es decir, que la medicina y la opinión de los médicos han ido cobrando cada vez más importancia en la vida habitual, de forma que se han modificado muchas costumbres por seguir argumentos médicos.

En consecuencia, muchas empresas han hecho negocio fabricando calzado infantil «perfecto». La tendencia actual es a «normalizar», volver a lo natural.

No hace falta gastarse mucho dinero en zapatos especiales para un niño, pero sí asegurarse de que son cómodos y seguros. Es decir que:

  • Sean de material transpirable: piel, loneta,…
  • Tengan la suela flexible y que no resbale: mejor de goma.
  • Haya espacio suficiente en la punta para que los dedos no se amontonen.
  • El pie esté bien sujeto mediante cordones, velcro, botones o una trabilla a la altura del tobillo (no más arriba).
  • Puedan tener o no un poco de tacón.

No conviene poner a un niño:

  • Calzado muy usado y deformado por otro niño.
  • Calzado ortopédico con puente exagerado (no ayuda a formar la bóveda plantar y molesta al niño).
  • Zuecos o chanclas que no están sujetos en el talón.
  • Botines altos que inmovilizan el tobillo.
  • Zapatos con puntera fina, tipo «manoletina» (zapatilla tipo torero o bailarina) porque, para que no se salga, debe apretar mucho los dedos de los pies.