¿Cómo deben ser los castigos de los niños a partir de su segundo año?

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Los niños perciben el castigo físico (cachete, bofetada…) como una pérdida de control.

Los gritos y humillaciones tampoco sirven para nada.

Para modificar la conducta del niño, los padres debemos establecer normas y límites con anterioridad, reprobar su mal comportamiento de forma inmediata y castigarles de forma proporcional a la falta, por ejemplo, perdiendo privilegios.

El castigo físico (sea azotaina, cachete, o zurra) NO SIRVE PARA NADA.

El mensaje que recibe el niño es el siguiente: “Los adultos también pierden el control y se ponen muy desagradables”.

También aprende que es lícito pegar a otros (especialmente si son más débiles). Él también considerará lícito recurrir a la violencia.

Los niños de 1 a 2 años apenas comprenden como se sienten.

Por ello durante esta etapa, es preferible que los padres se vuelquen en ayudarles a comprender la necesidad de ciertas normas de conducta y sean indulgentes en la educación de sus hijos.

Los castigos de otro tipo tienen alguna ventaja para la educación de los niños, pero también tienen sus limitaciones.

Por ejemplo, nunca debe castigarse a un niño con insultos ni humillaciones. Ni en público ni en privado.  

La autoestima del niño se debe preservar ante todo. De ese modo, el niño absorberá mucho mejor la educación que le queramos inculcar.

Se puede castigar la conducta, pero dejando claro que se sigue amando al niño.

  • Los castigos deben ser proporcionales a la falta (y siempre con tendencia a la benevolencia).
  • Los castigos deben tener como finalidad ayudar a comprender al niño que determinada actitud no es aceptable. Si están dirigidos a este fin, los castigos cumplen una función educativa.
  • Conviene que sean inmediatos para que el niño relacione la falta con su consecuencia.
  • El niño debe tener clara cuál era la norma que ha incumplido. No se debe castigar ni reprender si no había una norma previa. Si el niño no comprende por qué se le castiga, el castigo no tendrá ningún efecto en la educación del niño y servirá tan solo para asustarle.

 Se deben considerar las circunstancias “atenuantes” para el niño: estar cansado, estar enfermo, en un contexto extraño, con otro cuidador…

 

¿Cómo debemos actuar los padres si nos hemos equivocado?

Cuando los padres sientan que han sido injustos con el niño, que han sido demasiado severos con él debido a situaciones ajenas a su voluntad (estar cansados, tensos por otro motivo,…), pueden y deben pedir perdón al niño, explicándole su error.

El niño no percibirá esto como un acto de debilidad, sino que se sentirá protegido y eso favorecerá enormemente su educación.

Para el niño será un aprendizaje importantísimo descubrir que:

  • Sus padres se pueden equivocar.
  • Se puede pedir perdón.
  • Sigue siendo amado y respetado como persona por sus padres.
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