El esfuerzo: ¿nace o se hace? ¿Cómo motivar esta capacidad en los niños?

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La voluntad para la lucha, la capacidad de sacrificio y el afán de superación son elementos fundamentales para conseguir nuestras metas en la vida. Para ayudar a los niños a desarrollar una personalidad fuerte y conseguir los objetivos que se propongan, es fundamental que los padres les inculquemos el valor del esfuerzo, un elemento fundamental para el aprendizaje.

Dice un dicho popular que el esfuerzo es la madre de todos los logros. Y que sin esfuerzo difícilmente podemos alcanzar nuestras metas.

El esfuerzo es fundamental para el desarrollo de la inteligencia, es decir para el aprendizaje. Pero ¿por qué a muchos niños les cuesta terminar las tareas que empiezan? ¿Por qué perdemos el tiempo en tareas que no son prioritarias en lugar de terminar nuestras obligaciones reales? O ¿por qué solo nos esforzamos cuando el plazo para hacer algo determinado se aproxima?

Desde el punto de vista cognitivo, los últimos estudios señalan que la motivación está íntimamente relacionada con los niveles de dopamina, un neurotransmisor antiguamente asociado al placer. Pero la motivación también depende de factores como las recompensas, las valoraciones que recibimos del entorno más próximo, la curiosidad o el autoconcepto.

A pesar de que en diferentes ámbitos todavía pervive la creencia de que algunos niños son vagos. Lo cierto es que esto no es así. «No existen los niños vagos, sino los niños desmotivados«, señala Ainhoa Uribe, coordinadora del gabinete de psicología infantil AITTA. Los niños, por naturaleza, tienen la capacidad de la persistencia. Es decir, basan su aprendizaje en la repetición. «La desmotivación está relacionada en mayor medida con el autoconcepto, es decir la imagen que se tiene de uno mismo». Si esta imagen es negativa, nos desanimaremos antes y nuestra capacidad de esfuerzo será cada vez menor.

Pero en la desmotivación  o la desgana también influyen los valores que se transmiten desde el punto de vista social. Hasta ahora, la sociedad occidental se basaba en una sociedad de consumo (¡ahora no tanto con la crisis!). Este tipo de sociedad no valoraba el esfuerzo y promovía la comodidad y el confort como objetivo. Así, desde diferentes ámbitos, se transmitía la idea de que para conseguir algo, no era necesario esforzarse. Solo… ¡desearlo!

En este contexto, los niños también han aprendido que para conseguir algo solo tienen que pedirlo. Y si los niños no obtienen lo que desean en el momento que quieren, se enfadan, se frustran. Y así puede aparecer la intolerancia a la frustración, incluso la falta de compromiso o la desmotivación. Además, cuando se tienen todas las necesidades cubiertas y se tiene todo lo que se desea, no hay esfuerzo. Y sin esfuerzo no hay afán de superación y el aprendizaje se vuelve más costoso.

La disciplina es una parte importante del esfuerzo y los padres desempeñamos un papel fundamental en su enseñanza.

Estrategias para favorecer la capacidad del esfuerzo en niños

1. Ayúdales a ser autosuficientes, no dependientes

Los padres debemos evitar la sobreprotección. Desde que nacen, los bebés van adquiriendo cada vez mayor autonomía. Por esta razón, debemos dejarles experimentar (desplazarse libremente, dejar a los niños comer solos, etc.).

Si los padres favorecemos esa autonomía y autosuficiencia física desde el primer momento y dejamos que nuestros hijos hagan las cosas por sí mismos, estaremos ayudando a la formación de una personalidad fuerte y autosuficiente.

La autonomía física es la base para el esfuerzo y el autoconcepto, es decir para sentirse «capaz» y conseguir logros personales que refuercen la autoestima.

2. Proponles diferentes tareas y estimúlale con actividades divertidas

Para favorecer la capacidad del esfuerzo, también es fundamental proporcionar a los niños diferentes actividades, acordes a su edad. Estas tareas deben de ser actividades que supongan cierto esfuerzo y que tengan una dificultad gradual y progresiva.

Por cierto, algunas tareas pueden ser más divertidas que otras. Por ejemplo, como padres podemos pedir a nuestros hijos que colaboren en casa: poner la mesa, recoger la ropa, ordenar los juguetes, ayudar en el jardín, ayudar a cocinar… .

Pero… ¡no olvidéis valorar el trabajo bien hecho! Aunque al principio, sea un poco a su manera… Así los niños aprenden a asumir responsabilidades, se sienten útiles y confiados.

Para estimularles también podéis proponerles juegos divertidos o actividades que estimulen su imaginación y creatividad.

3. Favorece que tomen decisiones acordes a su edad

En la medida de lo posible, los padres también debemos favorecer la posibilidad que los niños tomen decisiones. De ahí que su opinión… ¡también sea importante! Esto no significa que siempre haya que hacer lo que digan los niños, no.

Los padres somos los que tomamos las decisiones y ciertos temas no son cuestionables. Como padres, podemos plantear a los niños preguntas cerradas, que llevan implícitas las respuestas. Por ejemplo, ¿de qué quieres el bocata: de chorizo o de jamón?, ¿qué tipo de libro quieres leer: una novela de aventuras o un cómic?, etc. 

4. Plantéales metas a corto plazo

La exigencia también es muy importante por nuestra parte. Como padres también debemos exigir a nuestros hijos que sean responsables y no ceder ante sus caprichos. Con el tiempo, esa exigencia se transformará en autoexigencia.

Para empezar podemos poner metas concretas a corto plazo y supervisar que estas se cumplan (estudiar a 1 hora fija, dejar la ropa doblada por la noche y acabar lo que se empieza). Este tipo de tareas hay que hacerlas aunque no apetezcan.

Se aconseja evitar todo tipo de distracciones para evitar que las tareas se cumplan en los plazos marcados. Por ejemplo, a la hora de estudiar, conviene que lo haga en una mesa libre de distracciones, sin un ordenador cerca, televisión o móvil.

5. Enséñales a afrontar las dificultades

«El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia»,

Henry Ford.

A veces las cosas no salen a la primera. Por esta razón, es fundamental superar las situaciones frustrantes con humor. Y por supuesto, no desanimarse.

Enséñale a relativizar los problemas y ayúdale a centrarse en la búsqueda de soluciones. El fracaso a veces es más eficaz que el éxito en la búsqueda de una voluntad fuerte. 

El esfuerzo: ¿nace o se hace?

Según Mèrce Correa, hay diferencias innatas en los niveles de dopamina y eso se traduce en diferencias en los niveles de esfuerzo y de motivación. Pero también es verdad que como en muchos aspectos de la vida, se puede potenciar, por ejemplo, habituando a los niños a tener un ritmo de vida activo y que se les refuerce para estar activos. A pesar de eso siempre habrán diferencias individuales entre un niño y otro.

Fuentes consultadas

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