Precauciones para evitar accidentes con niños en piscinas y zonas acuáticas

Por Equipo editorial Elbebe.com

Entradilla del artículo: 
Las actividades acuáticas son muy atractivas y recomendables para los niños de todas las edades. Pero es fundamental que los niños pequeños las realicen bajo la estrecha supervisión de un adulto. El hecho de que el niño sepa nadar no garantiza su seguridad en el agua. También hay que tener cuidado con los cambios de temperatura y los efectos de la exposición al sol.
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Hasta los cuatro años, los niños no tienen la suficiente destreza y autonomía de movimientos para aprender a nadar. En cambio, antes de esta edad, los niños pueden disfrutar del agua y adquirir confianza en el medio con la ayuda de los padres. Por ejemplo, podemos coger al bebé o niño pequeño en nuestro brazos y enseñarle a mover brazos y piernas.

Los niños que no tienen relación con el agua hasta que son algo mayores, pueden experimentar sentimientos de miedo y desconfianza al nadar las primeras veces. De ahí la conveniencia de enseñar a los niños a nadar cuanto antes.

Por otra parte, el hecho de saber nadar no garantiza la seguridad de los niños en el agua. Los padres tenemos que ser conscientes de los peligros y riesgos que existen en el mar o en la piscina. De forma que los niños siempre deben estar supervisados por un adulto que sepa nadar y que, preferentemente, conozca las técnicas de auxilio.

Según la Asociación Americana de Pediatras, los padres y cuidadores deben vigilar en todo momento a los niños que juegan en el agua. Los menores de cinco años han de tener un adulto siempre al alcance de su mano. Esta asociación recomienda que jamás se deje a un niño sólo en la piscina o alrededores, ni por un momento. Unos segundos y veinte centímetros de profundidad, bastan para que se produzca una asfixia por inmersión. Eso quiere decir que dar la espalda a un niño mientras se baña, puede traer nefastas consecuencias.

Además hay que estar atento para evitar en lo posible las caídas y los accidentes en las piscinas. Antes de que un niño se tire al agua, el adulto debe conocer la profundidad de la piscina y asegurarse de que no hay obstáculos ni objetos en el fondo con los que pueda dañarse. Otra medida importante es no permitir que un niño que no sabe nadar, flote o utilice como protección juguetes o flotadores que no cumplan la garantía de ser salvavidas apropiados.

Los programas acuáticos para bebés y las clases de natación para niños a partir de cuatro años son una buena medida para disminuir el riesgo de asfixia por inmersión, pero no una garantía absoluta. Estos programas deben informar sobre los riesgos que pueden presentarse en el agua con niños, así como las estrategias de prevención de accidentes infantiles y la importancia de una estrecha vigilancia por parte de los adultos.

Otros riesgos a evitar, son las hipotermias, que suelen producirse por baños demasiado prolongados o por la temperatura del agua. Atención también a las intoxicaciones por tragar agua, por ejemplo, en el mar, y a los contagios por hongos, etc. que suelen producirse en las piscinas. La piel del niño debe estar siempre bien hidratada y si se expone al sol, hay que utilizar cremas de protección solar y bebidas para que no se deshidrate.

Las contraindicaciones para acudir a un curso de natación o un programa acuático infantil, siempre deben estar prescritas por un médico. Por eso es muy recomendable e imprescindible en muchos países de nuestro entorno, acudir primero a un especialita que haga un reconocimiento al niño y acredite mediante un informe la conveniencia o no de la natación. Generalmente están contraindicadas las enfermedades infecciosas, inflamatorias, algunas de tipo cardiovascular, enfermedades otorrinolaringológicas, algunas cutáneas, heridas abiertas, etc. En casos de fobia al agua muy aguda, también se desaconseja.

La mejor forma de disfrutar es garantizando la seguridad de nuestros hijos.

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