¿Cómo afecta la parálisis cerebral a los bebés y niños?

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La parálisis cerebral es una patología que afecta directamente al desarrollo del bebé. Es esencial tratar de conseguir un diagnóstico temprano para poder comenzar con un plan de rehabilitación cuanto antes con el fin de que el niño consiga el mayor nivel de autonomía posible.

Es un trastorno que afecta al movimiento, al tono muscular y a la postura y es originado por una lesión del cerebro. Dicha lesión no tiende a progresar, por tanto no es una enfermedad que avance o produzca deterioro progresivo.

No es una sola enfermedad, sino que tiene diferentes manifestaciones. La lesión cerebral rara vez se limita a unas cuantas neuronas motrices, también puede afectar a otras áreas del desarrollo.

POR QUÉ SE PRODUCE

La mayoría de las veces no llega a conocerse la causa exacta de la parálisis cerebral. Se sabe que los bebés que nacen prematuramente tienen mayor riesgo de padecerla.

Se supone que la parálisis cerebral suele deberse a factores que agreden al cerebro del bebé en la etapa prenatal (durante la gestación). Entre el 8-12% de los casos pueden deberse a dificultades en el parto. Existe además un 10% de casos cuya causa es postnatal: meningitis, traumatismos, ahogamiento…

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CÓMO SE MANIFIESTA

El síntoma principal es el retraso motor. A veces pasa desapercibido los primeros meses de vida.

Puede afectar a uno o varios miembros del cuerpo. Se observa que un brazo o una pierna está más rígido (o espástico) y los movimientos que realiza el bebé son bruscos y más torpes (distonía o ataxia). A veces afecta a los músculos del cuello y el bebé no puede sostener bien la cabeza. Puede haber dificultades del lenguaje.

La mayoría de los niños tiene una inteligencia normal o superior, pero por sus dificultades motoras no puede mostrarla. En menor porcentaje se dan casos de retraso mental permanente.

QUÉ PODEMOS HACER

Se debe intentar un diagnóstico concreto lo antes posible para así iniciar un tratamiento activo de rehabilitación. El objetivo es que el niño logre la máxima autonomía y prevenir secuelas o complicaciones.

En algunos hospitales existen unidades especializadas en el tratamiento de estos pacientes, integradas por diversos profesionales que atienden las variadas necesidades de los niños que sufren este trastorno: fisioterapeutas, ortopedas, oftalmólogos, neurólogos, logopedas, cirujanos…

El papel de los padres es fundamental puesto que el tratamiento suele durar muchos años. Ellos son pieza clave en la integración y normalización de los niños dentro de la sociedad.

Existen asociaciones de familias y afectados en casi todas las provincias españolas.

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