Principales desajustes emocionales en los niños ante un divorcio

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El divorcio de los padres produce un desajuste emocional en los niños, puesto que es una situación de crisis que exige una adaptación a una nueva situación y genera estrés. Si el niño no logra adaptarse, aparecen diversos síntomas, como depresión, regresiones en el aprendizaje o fracaso escolar, que son signos que alertan de que el niño necesita ayuda.

A ningún padre le gusta pensar que sus hijos van a sufrir por una decisión que ellos han tomado.

Pero lo cierto es que lo más común en un proceso de divorcio es que los niños presenten ciertos síntomas de desajuste emocional.

El hecho de que esto sea así es un proceso natural y no es ni más ni menos que el reflejo de que algo está cambiando en su ambiente.

Todo proceso de adaptación viene de la mano de una crisis, donde se evidencian las diferencias entre aquello a lo que el niño estaba adaptado y las exigencias de la nueva situación. El estrés es un estado de activación elevada del organismo que se pone en marcha ante nuevas situaciones o retos y que ayuda a la persona a adaptarse a la nueva situación.

El cuerpo está preparado para soportar un estrés puntual con un periodo de adaptación posterior. Si este periodo se alarga en el tiempo o se convierte en crónico, se produce un desgaste excesivo del organismo que puede manifestarse de múltiples formas: a través de trastornos del sueño, de la alimentación o de la eliminación (enuresis, encopresis) o de trastornos de conducta o afectivos.

Todos ellos son alarmas que nos avisan de que algo no está yendo bien en el niño o en el sistema familiar. Incluso en aquellos casos donde el divorcio es amistoso o no hay manifestaciones tan claras de desajuste psicológico, cabe destacar el estrés que genera el hecho de que un niño se tenga que adaptar a una nueva rutina familiar, en ocasiones en otro colegio o ciudad.

A continuación, veremos cuáles son los síntomas de inadaptación más frecuentes en los niños : 

Depresión e irritabilidad

Las reacciones emocionales ante la separación de los padres pueden ser muy variadas:

Hay ocasiones incluso en las que no se da ningún tipo de manifestación emocional, lo que puede indicar que el niño está conteniendo o reprimiendo sus emociones.

Se puede dar cierto histerismo o alivio por la mejora de la situación (en aquellos casos donde la pareja discute mucho o da muestras de elevada agresividad en la relación).

Es frecuente que aparezcan síntomas depresivos:

  • En niños muy pequeños (de 0 a 2 años) estos síntomas se manifiestan con retraimiento, pérdida de peso (o no ganar peso en la medida en que se debería) y aumento de la vulnerabilidad ante enfermedades.
  • En niños algo más mayores la depresión se suele expresar más con irritabilidad que con tristeza e incluso con rabia y agresividad.
  • En adolescentes es cuando se presentan síntomas de apatía más similares a la depresión de un adulto. Los desórdenes emocionales se evidencian en el comportamiento en forma de rabietas, conductas agresivas, inmovilidad, hiperactividad, etc.

Regresiones en el aprendizaje

Llamamos regresiones a la aparición de ciertas conductas que se consideraban superadas en el desarrollo evolutivo. Por ejemplo, es muy frecuente que aparezca enuresis (incontinencia urinaria), vuelta al gateo, retraimiento a un lenguaje infantil, etc.

Las regresiones suelen aparecer en niños que justo acababan de consolidar esos pasos evolutivos. Así que las manifestaciones van a depender de la edad de los niños. Es muy raro que aparezcan en niños con una edad más allá de los 8 o 9 años.

Retrasos en el aprendizaje infantil o fracaso escolar

Cualquiera de las manifestaciones anteriores suelen ir acompañadas de retrasos o desajustes en el aprendizaje escolar. La mayoría como consecuencia de la falta de atención generada por el estrés.

El estado emocional depresivo puede generar falta de motivación para el aprendizaje o esta falta de motivación puede ser derivada del mismo retraso que acumula el niño.

El Síndrome de Alienación Parental (SAP)

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es cuando uno de los padres (generalmente el custodio) trasmite odio y rechazo hacia el otro. Se trata de una forma clara de manipulación donde uno de los padres usa a los hijos como arma arrojadiza contra el otro.

Se realiza de una manera inconsciente y muchas veces se deduce que el niño ha sido capaz de darse cuenta de lo «malo» que es el otro progenitor cuando lo único que ha hecho el niño es recoger lo que proyecta el padre manipulador. 

Este síndrome aparece generalmente en casos de divorcio no amistoso y lo cierto es que el niño percibe que en este proceso hay una lucha tras la cual (una vez que el juez dicta sentencia) hay un ganador (lo habitual es que sea aquel que se ha quedado con la custodia) y un perdedor.

Como es lógico, el niño da muestras de estar de parte del ganador y, sin embargo, de una forma inconsciente se alía con el perdedor manifestándolo de diversas maneras. Por ejemplo, se comporta igual que éste lo hacía en la escuela, decide dedicarse a lo mismo que él de mayor, trata de igual manera al progenitor con quien convive, manifiesta sus mismas emociones, etc. Esto sucede así porque, como dijimos anteriormente, el niño necesita sentir que es un 50% su padre y un 50% su madre.

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