¿Cómo podemos ayudar a los bebés y niños que no quieren ir a la guardería?

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Algunos niños sienten ansiedad cuando van a la guardería por primera vez. Algunas reacciones habituales que nos indican que a nuestro hijo le cuesta adaptarse a la guardería son llorar cuando volvemos a recogerlo o experimentar regresiones en su desarrollo, por ejemplo en el control de esfínteres. Los padres podemos ayudar a nuestro hijo a adaptarse a la guardería poniendo en práctica algunas pautas sencillas.

Aunque haya casos en los que los niños están como locos por ir a la guardería, es muy cierto que para la mayoría de ellos supone un gran trauma.

Separarse de los padres provoca en los niños sentimientos de miedo y ansiedad. En algunos casos, estos sentimientos pueden convertirse en un verdadero problema, sobre todo si los padres no conseguimos que los superen.

Además, cuando llega el momento de despedirse por primera vez de nuestro bebé, los padres nos sentimos culpables porque pensamos que estamos abandonando a nuestro hijo. Los niños pequeños todavía no tienen una percepción clara del tiempo, por lo que cuando nos separamos de ellos piensan que esa separación será para siempre, provocándole esa desagradable angustia.

Normalmente ese miedo se supera cuando el niño se acostumbra a este cambio, con la ayuda de un adecuado periodo de adaptación. Sin embargo, no todos los niños son iguales y hay casos en los que la adaptación cuesta más o incluso parece no ser efectiva.

Los padres debemos mentalizarnos de que los primeros días van a ser duros para todos. No obstante, ten en mente que tu hijo, tarde o temprano, acabará superando esta nueva etapa, en la que además el niño adquirirá cierta autonomía y madurez. Con buenas dosis de paciencia y cariño veremos que, mucho antes de lo que nos imaginamos, nuestro pequeño se hace mayor y le cuesta cada día menos quedarse en la guardería.

En este artículo sobre la guardería:

4 reacciones de los niños que no quieren ir a la guardería

1. El niño te agarra con fuerza, llora y reclama toda tu atención.

Esta es la reacción habitual que muestran prácticamente todos los niños durante los primeros días de guardería.

Si no nos quedamos tranquilos tras dejarlo sólo y llorando, se puede pedir al centro que nos deje observar al niño, sin que éste nos vea, para ver cómo se comporta mientras no estamos. Normalmente cuando ha pasado un rato tras tu marcha, el niño se habrá tranquilizado y empezará a jugar. Ver que el niño está bien nos dará mucha tranquilidad.

2. El niño no suelta a la educadora.

Para nuestro hijo, la educadora es un símbolo de seguridad y protección, como una «segunda madre». Si el niño se alegra de ver a la educadora y va a su encuentro significa que se siente a gusto con ella, por lo que es una buena señal. Además, poco a poco, el niño empezará a sentir más interés hacia otros niños.

3. El niño muestra una regresión en su desarrollo.

Cuando un niño se enfrenta a un cambio es posible que vuelva a pasar por etapas que ya había superado. Separarse de la madre es un gran trauma para los niños pequeños por lo que nuestro hijo podría volver a hacerse pis encima, pedir el chupete, etc.

4. El niño llora cuando vuelves para recogerlo.

Estar en la guardería ahí solo ha sido un gran esfuerzo para el niño, y aunque se lo haya pasado bien, te ha echado de menos. Llorar delante de ti es su manera de transmitirte el estrés que ha sufrido durante el día, y que ahora se siente aliviado. Deberíamos mostrarle al niño que también lo hemos echado de menos, y en vez de irritarnos, pasar un buen rato jugando y demostrándole nuestro cariño.

Todas estas reacciones son muy normales, pero si observamos que duran demasiado tiempo o empeoran deberíamos pensar que algo no funciona como debería.

¿Cómo favorecer la adaptación del niño a la guardería?

Si observamos que nuestro hijo todavía no se adapta después de un tiempo:

1. Prueba a reducir las horas de escuela. Las educadoras se habrán dado cuenta del problema. Un recurso útil es pedirles que dediquen a tu hijo un tiempo de atención extra para hacerlo sentir más seguro.

2. Lo más importante de todo es que los padres mostremos confianza y mantengamos una actitud positiva, puesto que esto es lo que transmitiremos al niño. Si estamos nerviosos y con miedo, ellos también se sentirán inseguros, pero si le transmitimos confianza pensará «si a mamá le gusta, a mí también». Es vital no tener una actitud negativa hacia la guardería. Hay casos excepcionales en los que el niño no se adapta y eso es, en gran medida, debido a que los padres no hemos querido admitir que allí están bien, aunque nosotros no estemos con ellos.

3. Si aún así nuestro bebé sigue sin adaptarse, deberíamos plantearnos cambiarlo de guardería a una en la que se sienta más cómodo.