Miedos infantiles: ¿por qué los niños tienen miedo a la oscuridad?

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El miedo a la oscuridad de los niños suele estar relacionado con el miedo a separarse de sus padres y a quedarse solos.

Los padres debemos ayudar a nuestros hijos a superar estos miedos escuchándoles, enseñándoles a reconocer sentimientos y fomentando la confianza en los adultos.

Muchos niños tienen miedo por las noches, justo antes de dormir. Más información sobre los miedos infantiles.

Les da miedo quedarse solos, les da miedo la oscuridad…

Y esto dificulta el momento de irse a la cama.

El origen inmediato del miedo de los niños puede estar en un cuento, una película o un hecho ordinario que, por algún motivo, ha impresionado al niño.

Se ha apuntado que, en el fondo del miedo infantil a la oscuridad o en general de los miedos nocturnos de los niños, siempre subyace el mismo temor: el miedo a ser abandonado por las personas más importantes en la vida de los niños, los padres.

Por eso debemos tomarnos en serio el miedo de nuestro hijo.

Castigar o amenazar a nuestro hijo cuando no pueda dormir no le ayudará a vencer su miedo.

A lo sumo, aprenderá a esconderlo mejor, lo cual le distanciará de nosotros.

Ridiculizar su miedo minará su confianza en sí mismo y no le ayudará a dormir mejor.

Lo mejor es reconocer el sentimiento del niño y ayudarle a entenderlo.

Una frase como «me gustaría ayudarte a superar ese miedo» o bien «¿Cómo puedo yo ayudarte?» contribuye a mejorar el clima, a relajar al niño.

Para ello lo más eficaz es ponerle nombre, diciendo, por ejemplo: «lloras y no te quieres dormir porque tienes miedo, pero no te preocupes».

Si nos interesamos y escuchamos con atención, asintiendo con la cabeza, a lo que nos cuenta de su miedo le ayudaremos a superarlo.

Una vez reconocido el miedo, cada familia puede diseñar una estrategia para ayudar al niño a dormir.

Ideas para ayudar a vencer el miedo a la oscuridad

Te proponemos algunas ideas:

  • Un poco de magia: «Si yo tuviera una varita mágica… ahora mismo te quitaría el miedo; lo haría papilla y dormiríamos todos felices. Pero solo tengo besos mágicos: ¡Te daré un montón!»
  • Magia y muñecos: «Traspasa los poderes» a uno de los muñecos favoritos de tu hijo. No hay que tener miedo a usar un poco la fantasía, los niños no se confunden tan fácilmente. Lo que cuenta para un niño es que le estás ayudando a superar su miedo.
  • Por adelantado: Asegúrale que acudiréis a su lado si llama, tantas veces como haga falta.
  • Anímale a ser valiente: Pídele con un guiño que, si tiene miedo, llame primero al muñeco; pues los papás están «un poco cansados hoy» y a lo mejor no oyen a la primera.

Para que la estrategia surta efecto, es fundamental trabajar el miedo nocturno durante el día.

Reconocer y poner nombre a otros sentimientos aparte del miedo, como la alegría, la pena, el dolor, el enfado, la rabia, la preocupación… es importante para que el niño aprenda a convivir con sus propias emociones. De ese modo, no le impedirán dormir.

Para ello conviene fomentar que la imagen que el niño tiene de sí mismo sea positiva, valorando las cosas que hace por su cuenta y permitiéndole que tome algunas decisiones.

Los niños son muy sensibles a las contradicciones en que a menudo incurrimos los adultos. Muchas «mentirijillas» de las que decimos a la ligera socavan la confianza de los niños en los adultos.

En la infancia, la confianza en los mayores equivale a la confianza en uno mismo. Para un niño que no confía del todo en sus padres será más difícil confiar en sí mismo.

Poner límites claros en el comportamiento y en la vida diaria proporciona seguridad al niño. También el cariño les ayuda a crecer más seguros.