¿Cuándo empezar a poner normas y límites? La importancia de las rutinas

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Los padres deben comenzar a transmitir normas de conducta y límites desde que los niños son pequeños. Durante los primeros años de vida, las normas y los límites se asientan en base a rutinas que deben respetarse, así como en pautas asociadas a hábitos (alimentación, higiene, sueño, etc.).

Una de las mayores preocupaciones de los padres es saber cuándo empezar a ponerse «duros» y exigentes con sus hijos. ¿Cuándo es el momento en que dejan de ser unos bebés a los que se les ríen las gracias para convertirse en unos niños capaces de seguir unas normas o reglas?

Este paso no es algo drástico, que suceda de un día para otro, es una transición paulatina a la que los padres tenemos que adaptarnos en función del momento de maduración del niño. Por esta razón, no podemos exigirle según qué cosas en según qué momentos.

Al principio, hasta los 3 años, el niño todavía no comprende si hace algo bien o mal.

Sin embargo, los expertos recomiendan establecer normas cuanto antes mejor.

Por esta razón, ésta es una buena edad para empezar a establecer normas y límites.

En este artículo sobre normas y límites:

¿Cuándo establecer normas para los niños?

Desde el nacimiento hasta los tres años aproximadamente suceden muchísimos cambios y el niño alcanza grandes logros evolutivos.

  • El niño aprende a desplazarse y a superar la fuerza de la gravedad poniéndose de pie al mismo tiempo que adquiere el dominio de su cuerpo.
  • Conquista una de los logros evolutivos más importantes: se incia en el uso del lenguaje.
  • Empieza a hacer uso de un pensamiento rudimentario que le permite darse cuenta de que es un ser diferenciado con voluntad propia (aparición del NO, del YO y de las temidas rabietas).

Esta etapa todavía es temprana para esperar un razonamiento deductivo. Pero es una buena edad para ir afianzando los prerrequisitos necesarios en el aprendizaje de las normas.

¿Cómo poner límites? La importancia de las rutinas

En los 3 primeros años de vida esto se consigue gracias a los rituales o rutinas.

  • Si nosotros acostumbramos al niño a que siga siempre una secuencia de acción (con la comida, con el baño, con el juego) es más fácil que participe en ella de principio a fin, aunque estas secuencias cada vez se vayan haciendo más complejas.
  • Es importante ser lo más repetitivos posible en estas rutinas, sobre todo cuanto más desorganizado sea el niño en sus ritmos vitales (de comidas, de vigilia-sueño).
  • El niño no capta el mensaje que nosotros le verbalizamos, pero sí el tono emocional del mismo cuando le decimos las cosas de una forma seria, enfadada, divertida…
  • Esta etapa, en especial cuando logra ponerse de pie, es la del «eso no se toca» o «eso no se hace». Está bien quitar del alcance del niño todo aquello que pueda resultarle peligroso, pero no se debe quitar absolutamente todo. Un aprendizaje importante para el niño es que hay cosas que puede tocar y otras que no.
  • A la hora de enseñar un comportamiento adecuado a los niños pequeños habrá que ser muy persistente y repetitivo y lo más probable, es que finalmente acabemos quitando el objeto de su vista, pero solo por un tiempo. Al día siguiente, tiene que volver a estar en su sitio y seguramente el pequeño nos mire a medida que se acerca a ello porque recuerda que algo pasa en torno a ese objeto. Por esta razón, los padres tienen que establecer unas normas claras de comportamiento, afirmarse en los límites y volver a recordarle que no puede coger ese objeto y darle alternativas con las que jugar o entretenerse.
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