¿Cómo viven los niños las despedidas? El miedo al abandono

Durante su segundo año de vida, el niño siente ansiedad ante las separaciones. Por eso es normal que llore cuando los padres se alejan de él. Para ayudarle a que se tranquilice, conviene que los padres se despidan del niño con normalidad y al regresar lo reciban con un fuerte abrazo. Así el niño entenderá que los padres a veces se ausentan, pero al final regresan.

Durante su segundo año de vida, los niños sienten ansiedad ante las separaciones.

Por eso, los niños de esta edad protestan o lloran cuando el adulto se aleja de él, aunque sólo sea por unos minutos.

Gritar a los niños, o decirles que no se comporten como un bebé sólo les producirá más inseguridad y hará que protesten con mayor intensidad ante cada nueva ausencia, por corta que sea ésta.

Cuando los padres vayan a ausentarse, es recomendable despedirse del niño con normalidad

Al regresar, deben mostrarse especialmente atentos y afectuosos para demostrarle la alegría que sienten al volver a su lado. 

Así, el niño no tardará en asimilar que, aunque en ocasiones sus padres se alejen de él, al final siempre regresan.

El niño suele calmarse al poco tiempo de la separación, pero en los padres suele permanecer un sentimiento de culpa durante todo el tiempo que están ausentes.

Esto es algo normal y no debe preocuparles. Aun así, es aconsejable que el niño no lo perciba, ya que inconscientemente puede utilizarlo a modo de chantaje.

Las separaciones a esta edad, siempre que no sean excesivamente largas,  fomentan la independencia del niño.

Si conseguimos que los niños se desenvuelvan con normalidad en este importante aspecto de su desarrollo emocional que son las despedidas, les estamos ayudando, indirectamente, a crecer con seguridad y a despojarse de uno de los temores más comunes: El miedo al abandono.