El destete, ¿el fin de la lactancia?

El destete es un proceso que termina con el abandono total de la lactancia. Es fundamental que éste se desarrolle de forma lenta y gradual. Además de los componentes nutricionales, influyen en él factores afectivos y emocionales. Éstos deben cuidarse mucho durante el proceso de destete.

El término destete hace referencia al período que se inicia con la introducción de alimentos complementarios en la dieta del bebé y finaliza con el abandono completo de la lactancia.

Sin embargo, pese a que la alimentación complementaria se inicia alrededor de los 6 meses de edad, la leche materna sigue siendo el principal alimento en la dieta del bebé durante todo el primer año de vida.

No existen unos límites preestablecidos que señalen cuándo se considera normal que se finalice la lactancia. Esto depende de factores nutricionales, sociales, laborales, afectivos, familiares, temperamentales… específicos para cada madre y cada hijo. Por ello, deben ser la madre y el hijo los que decidan cuándo y cómo abandonar la lactancia, después de recibir toda la información que la madre necesite.

En los estudios antropológicos sobre destete, basados en observaciones de culturas tradicionales y primates, se ha encontrado que el destete natural se produce entre los 2,5 y los 7 años.

Sin embargo, en un estudio de la OMS se encontró que la mayoría de los destetes (80%) finalizan antes del segundo año de vida del bebé, ya sea por decisión de la madre, de los niños o de ambos.

El destete es un proceso gradual

Un destete normal es un proceso lento, ya que debe dar tiempo a que se introduzcan todos los alimentos de la dieta y debe permitir el desarrollo de las habilidades de masticación y deglución del bebé.

Esto debe hacerse respetando el ritmo de cada niño para asimilar nuevos sabores y texturas, sin forzar ni tratar de acelerar el proceso.

Además, el final del destete (el abandono total de la lactancia) debe realizarse de manera lenta y gradual para evitar traumas emocionales o sentimientos de inseguridad generados por un final brusco.

Sin embargo, cuando son los propios niños los que deciden dejar el pecho, el proceso suele ser más rápido y no aparecen signos de estrés. Los niños y sus madres van estableciendo formas de relación y afecto alternativas, así los niños no pierden la afectividad del amamantamiento, sino que lo sustituyen por otros modos de relación.

Aun así, para las madres es beneficioso que la retirada de las tomas sea progresiva, porque así se reducen las molestias asociadas a la retención de leche y el riesgo de mastitis.

No ofrecer y no negar es un buen consejo para iniciar la parte final del proceso de destete, aunque puede resultar insuficiente con niños mayores. Reducir la duración de las tomas o distraer al niño anticipándose a cuando va a querer el pecho también pueden ayudar.

Aunque cada madre y cada niño deben decidir cuándo y cómo van a llevar a cabo el destete, es esencial tener en cuenta que debe realizarse de forma lenta y gradual, teniendo en cuenta que este período tendrá una duración variable dependiendo de cada niño.