El divorcio, ¿qué significa para los hijos?

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El divorcio de los padres forma parte de un proceso emocional complicado para toda la familia. Ante este tipo de situaciones, es importante que la pareja resuelva sus problemas sin implicar a los hijos, teniendo claro que, aunque el matrimonio se rompa, ambos siguen siendo padres.

Desde la perspectiva de los hijos, el divorcio es más claro que la separación porque implica un cierre y permite a los niños empezar a adaptarse a las nuevas circunstancias.

Se dan casos en los que no existe amor en la pareja pero los padres deciden seguir juntos «por el bien de los hijos» y no se produce un divorcio hasta años más tarde, cuando los hijos son ya mayores.

Normalmente, cuando un matrimonio toma la decisión de separarse es el fin de un largo proceso donde se han mezclado muchas emociones contradictorias y han sucedido muchos acontecimientos no siempre agradables.

Para un niño pequeño no es sencillo comprender que sus padres ya no se quieren. Sin embargo, es importante que los padres sean claros y coherentes con sus sentimientos y que trasmitan a los niños que aunque la pareja no funcione, los padres seguirán siendo padres el resto de sus vidas.

En este artículo sobre el divorcio para los niños:

¿Qué diferencia una separación de un divorcio?

La diferencia fundamental entre la separación y el divorcio es que el divorcio significa legalizar esa situación de distancia emocional que implica la separación. A nivel psicológico, el divorcio implica un cierre de la situación y transmite la sensación de definitiva a la nueva situación.

Los niños captan las emociones de una forma más natural y directa que los adultos, tienen también menos defensas racionales e intelectuales. Si existe desamor en la pareja, ellos lo perciben perfectamente aunque no sean capaces de ponerle palabras. Siempre va a ser más favorable para los niños que la actuación de los adultos sea coherente con lo que sienten.

En aquellos casos en los que los padres no están casados, esta diferencia se diluye y separación y divorcio se equiparan. Una vez hecha la distinción de lo que significan ambos términos a nivel psicológico, los utilizaremos indistintamente para referirnos a una ruptura definitiva de la convivencia familiar.

En un divorcio lo que se rompe es la pareja, no los padres

Para un niño sus padres siempre serán sus padres, aunque estén separados, divorciados, no se hablen, no vean a uno de los dos durante años o viva uno de ellos en la otra punta del mundo.

Lo importante es resolver los asuntos de pareja en la pareja. Los hijos aquí no tienen nada que opinar. La pareja existía con anterioridad a que ellos llegaran.

Los padres deben tener claro que aunque la pareja se rompa, ellos siguen juntos como padres de sus hijos. Un hijo necesita a ambos padres siempre. Y, para ellos, siempre estará bien lo que hagan sus padres.

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