El divorcio produce un alto impacto emocional en los niños

En el XXVI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria los pediatras señalan que el divorcio produce un alto impacto emocional en los niños.

En 2010, casi el 50% de las 100.000 parejas que tramitaron su divorcio en España tenían hijos. Según Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), esta situación produce un alto impacto emocional en los hijos. Disminuir este impacto es crucial para los hijos, ya que conlleva un daño irreversible en el desarrollo psicoevolutivo del niño.

“Los padres deben comunicar a sus hijos la decisión sin rodeos, sin ocultar la realidad y sobre todo, sin ningún tipo de versión subjetiva. Deben aclarar que a pesar de la separación, siguen queriéndolos y que ellos no son los responsables de la separación”, señala el Dr. García Pérez, pediatra y miembro de la SEPEAP.

Los efectos del divorcio varían dependiendo de la edad del niño. “Los más pequeños pueden sufrir trastornos del sueño, inhibición en el juego o miedo al abandono”, ha indicado el Dr. García Pérez. Mientras, entre los 5 y 9 años es frecuente que el niño muestre signos de tristeza, nostalgia por la falta del padre/madre que deja la casa y un bajo rendimiento escolar.

Asimismo, los pediatras señalan que es habitual que a partir de los 9 años, algunos niños sufran cierta manipulación por parte de sus padres y que en la adolescencia; “En la adolescencia se detecta depresión, actividad sexual, absentismo escolar y puede existir una mayor exposición al alcohol y las drogas”, ha apuntado el especialista.

En el marco del XXVI Congreso de la SEPEAP los pediatras reunidos han incidido en la importancia del seguir desde la consulta de este tipo de problemas. “Nuestra misión es proteger al niño ante los daños que un divorcio o separación pueda causar. Debemos hacer un seguimiento de sus reacciones y sobre todo, asesorar a los padres durante todo el proceso”, ha añadido el Dr. García Pérez. Además, en algunos casos el pediatra puede derivar a los niños a otros especialistas, como, por ejemplo, al psicólogo.