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Ejercicios de yoga durante el embarazo

8 posturas de yoga para realizar en el embarazo

El yoga es una disciplina milenaria procedente de la India que ayuda a armonizar cuerpo y mente. El embarazo es un periodo que implica numerosos cambios físicos, hormonales, metabólicos y emocionales para la mujer. La práctica de yoga durante el embarazo es beneficiosa por numerosas razones:

1. Ayuda a mejorar las técnicas de respiración, muy útiles durante el trabajo de parto, incidiendo en la respiración abdominal.

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¿En qué momento suena el reloj biológico de la mujer?

Estudio biológico ClearblueLa mayoría de nosotras mostramos deseos de ser madre alrededor de los 25 años. Sin embargo, desde el punto de vista social, decidimos retrasar el embarazo hasta los 30 años porque consideramos que alrededor de los veinte todavía es pronto para quedarnos embarazadas. Además, un tercio de las españolas pensamos que por encima de los 45 años aún tenemos tiempo para tener un bebé.

Estos son algunos de los datos que se desprenden del Estudio Clearblue «El reloj biológico de la Mujer», realizado recientemente a 1.500 mujeres españolas de entre 20 y 50 años. El objetivo de esta encuesta es profundizar en el comportamiento de las mujeres españolas sobre el embarazo y la concepción. Sigue leyendo

Nace el primer bebé concebido mediante una técnica pionera

madre_bebe_300.jpgEn noviembre de 2010 nació el primer bebé concebido mediante una técnica pionera en España: el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) utilizando microchips o arrays de Hibridación Genómica Comparada (aCGH).

Esta técnica, aplicada en nuestro país únicamente por el laboratorio Reprogenetics, permite detectar anomalías genéticas en todos los cromosomas en tan sólo 24 horas, antes de que el embrión se transfiera al útero de la mujer.

Con esta técnica se abre una nueva esperanza para aquellos casos «difíciles» en parejas que buscan un bebé a través de la fecundación in vitro (FIV). Sigue leyendo

Beber líquidos ayuda a prevenir la acidez en el embarazo

La acidez de estómago, creada por los jugos gástricos y las náuseas, y el estreñimiento son molestias típicas del embarazo que podemos ayudar a prevenir bebiendo líquidos a pequeños intervalos durante el día.

Esto es lo que señala la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) en un documento de consenso elaborado por los expertos sobre «Pautas de hidratación con bebidas con sales minerales para mujeres embarazadas y en periodo de lactancia«.

Durante el embarazo se producen numerosos cambios físicos en la mujer y las necesidades nutricionales se modifican. Aumenta el volumen sanguíneo debido a la mayor producción de líquido en sangre (alrededor de un litro y medio) y a las células que contiene (hematíes, plaquetas, glóbulos blancos…), por ejemplo.

Durante el embarazo se recomienda beber entre 2,5 y 3 litros de líquido en pequeñas ingestas, repartidas a lo largo del día.

El agua ayuda a hidratarnos, a eliminar tóxinas y a disminuir el riesgo de infecciones urinarias. Pero, sobre todo, facilita el flujo de nutrientes hacia el torrente sanguíneo, fundamental para el crecimiento del feto en el útero de la madre. Por esta razón, hay que beber entre 2,5 y 3 litros de líquido en pequeñas ingestas, repartidas a lo largo del día.

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La amniocentesis: una decisión difícil en el embarazo

El vientre de una mujer embarazadaUno de los usos de la amniocentesis es intentar saber si el futuro bebé nacerá con alguna alteración cromosómica, principalmente: síndrome de Down, síndrome de Edwards y síndrome de Patau.

En principio no debe hacerse a todas las mujeres embarazadas , puesto que es una prueba que conlleva riesgos, tanto para el feto como para la madre, y sólo esta indicada en aquellas mujeres con algún factor de riesgo, por ejemplo, edad avanzada, alteración de pruebas anteriores (ecografía de primer trimestre, analítica, etc.).

Sin embargo, se está produciendo un aumento en el número de mujeres que piden hacerse la amniocentesis porque les da miedo tener un hijo con alguna deficiencia, aunque no tengan ningún factor de riesgo. Como he dicho antes, la amniocentesis es una prueba con riesgos, sobre todo de aborto (por romper la bolsa, infección del feto, etc.) y no puede hacerse a lo loco, sino en casos en los que merezca la pena asumir ese riesgo. Aproximadamente, 1 de cada 100/150 mujeres que se hacen la amniocentesis acaba perdiendo el bebé; una cifra demasiado alta como para tenerla muy en cuenta a la hora de tomar la decisión.

¿Justifica el miedo materno el asumir ese riesgo, si todas las pruebas que se ha hecho una mujer embarazada son normales?

No quiero pensar como se sentirá esa madre que pierde a su bebé por hacerse la amniocentesis por miedo y luego ese bebé estaba sano.

La ley de autonomía del paciente permite que éste tome sus decisiones tras ser debidamente informado por el médico, siempre y cuando esa decisión no sea contraria a la ética médica. En el caso de una madre que solicita hacerse una amniocentesis cuando el riesgo de abortar por la prueba es mayor que el riesgo de tener un hijo con alteraciones, ¿qué debe hacer el ginecólogo? ¿Debe hacérsela, a pesar de no estar indicada e ir en contra de la buena práctica médica? ¿Quién tiene razón, la madre o el ginecólogo? La madre es siempre la madre, pero el ginecólogo también debe velar por la seguridad del bebé.

Autor: Jesús de la Fuente Valero, ginecólogo.

Más información sobre la amniocentesis en elbebe.com:

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El sexo en el embarazo

imagen-barriga-embarazada.JPGHola chicas, ¿cómo va eso? (Y con ese ambiguo “eso” me refiero: al embarazo que llevas en camino, a la crianza y educación de tus peques, a las noches en vela, a tu jefe, a tu pareja….). ¡Dios mío!, freno la lista para no dar la imagen de que nos pasamos el día con la “cruz a cuestas”.
En fin, que hojeando las encuestas y los foros de opinión de nuestra querida página web me llama poderosamente la atención el siguiente dato: hay temas que suscitan múltiples comentarios (los dientes, el sueño, la alimentación, con quién dejar a los niños tras la vuelta a la oficina…). Y sin embargo, ante la pregunta “¿Cómo ha afectado tu estado a tu vida sexual?” solo aparece un escueto mensaje, que en realidad no tiene nada que ver con el tema en cuestión.
Total, que ante semejante panorama o:
A-Nos importa un bledo el sexo (cosa harto improbable).
B-En pleno siglo XXI el sexo sigue siendo un tema tabú del que no nos atrevemos a hablar (ni aún a sabiendas que nuestra opinión será anónima).
Pues hala, vamos a hablar de sexo para que no se diga que la liberación de la mujer es sólo de “boquilla”.
Cuando una se queda embarazada sufre una revolución hormonal que le afecta a todos los niveles, y sería ingenuo pensar que por tener un bebé dentro dejemos de ser mujeres con sus instintos y pulsiones. Hay mujeres a las que el embarazo les congela la líbido: siempre existe el miedo de dañar al niño durante el coito, aunque los ginecólogos se encarguen de desmentírnoslo. Sin embargo, he conocido a otras muchas que experimentaban precisamente el efecto contrario y vivían los nueve meses con mayor actividad sexual que antes de quedarse en estado.
Toda reacción es NORMAL
, y como dice mi madre “para gustos los colores”. Lo importante, a mi buen entender, es procurar una sana y fluida comunicación con tu pareja, ya que no en balde, a ellos les puede influir tanto la panza como a nosotras (ya sea inhibiéndoles o bien erotizándoles).
Capítulo aparte es en el que yo me encuentro en la actualidad: el sexo con niños en casa. Ahí sí que estamos en “el más difícil todavía”: después de la eterna jornada laboral, jugar con ellos un rato, preparar los baños, las cenas, el cuento… hay que echarle mucha energía al final del día para montarte una sesioncita erótica.
Por suerte siempre nos quedarán los sábados, los pestillos en la puerta del dormitorio, los DVD´s que alienan a nuestros peques, las abuelas enrolladas que nos hacen de canguros, las escapaditas románticas…

¿Cómo afectó el embarazo a tu vida sexual? ¿Cómo reaccionó tu pareja? ¿Es posible el sexo con niños pequeños en casa?

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¿Embarazada o no? ¿Cómo fue tu primera falta?

ventanaUna se cree que ya se las sabe todas porque ha pasado por la experiencia de un primer embarazo y la ha sobrevivido con éxito. Al fin y al cabo en el anterior estaba sobre terreno virgen (metafóricamente, se entiende) y no se me dio tan mal. ¡Pues nada que ver con la realidad!

La ansiedad de la primera falta sí que es la misma: igual número de predictors consumidos (3) ante la gran duda de si será un mero retraso o un bebé en camino. Yo me suelo ir a distintas farmacias (la del al lado de la oficina, la del barrio de toda la vida…) para que él/la farmacéutica no me miren como una loca por comprar el test cada día y medio (además del pastón que les dejas, ¡como para aguantar gestos condescendientes!).

Ya te lo advierten al dártelo: “Sería más efectivo si se espera usted a tener una o dos semanas de retraso”. “Vale, vale” respondo con la mejor de mis sonrisas, y salgo despendolada al primer baño que me quede cerca para hacerme la prueba. Ya sé que dos días sin señales puede no ser suficiente, y seguro que esa es la causa de que la segunda rayita del test salga tan borrosa. O a lo mejor es que no estoy embarazada.

No hay que emocionarse y por eso no le digo ni pío a mi marido. Él siempre me echa por tierra mis ilusiones premenstruales. “Es para que no te frustres mi amor. Seguro que es solo un retraso”. Así que nada, vuelvo a casa desde el trabajo y sigo con mis rutinas: el atasco, la cena de la niña… No pasa nada, pero cada 10 minutos excursión al baño no vaya a ser que tengamos novedades. “¿Te pasa algo Lupe?”. “No, que va. Es que he bebido mucha agua”.

Dos días más y a mí me va dar algo. Así que decido aprovechar el fin de semana familiar en la playa (con padres, hermanos, sobrinos etc.) para matar dos pájaros de un tiro: hacerme la prueba definitiva (tras una semana de sequía), y dar la gran noticia si se confirman mis sospechas. ¡Bien, bien, bien!: dos rayas como la copa de un pino: ¡¡Voy a ser mamá de nuevo!! ¡¡Qué emoción!! Mi chico me felicita algo tímidamente (pero es que ya se sabe que los hombres son más sosos y les cuesta hacerse a la idea).

Espero a la cena para darle “mayor teatralidad” a mi anuncio, de modo que se enteren todos a la vez de la llegada del nuevo miembro a la familia. Y como me pongo nerviosa, pues lo suelto así sin más, de golpe, en medio de una conversación sobre lo rica que le ha salido a mi madre la tortilla de patata, “…Sí, sí, mucho más jugosa que la del otro día”. “¿Me pasas el agua? Ah, por cierto, estoy embarazada”.

Me quedo roja como un tomate esperando los abrazos, la lagrimilla de la futura abuela… una escena que me había dibujado perfectamente 4 o 5 horas antes (tiempo transcurrido desde mi recién confirmada maternidad). Pero por unos segundos el tiempo se detiene: solo se oye un portazo y los berridos de mi hija Sarita que se acaba de pegar con su primo. “Pero mi niña, ¿qué pasa?, ¿te has hecho pupita? Nico es malo, malo”, le susurra mi madre mientras que la niña se va calmando poco a poco. Y yo me quedo como paralizada y con ganas de hacer pucheros para ver si alguien me hace caso (¿seré infantil?).

Tras el jarro de agua fría empiezo a asumir que esto ya no va ser Hollywood: que ya no soy la protagonista de la peli, y a lo mejor ya no tengo tantos mimos como cuando me embaracé por primera vez. Pero da igual porque yo estoy feliz, feliz y ¡mi nuevo niño está en camino!

En tu caso: ¿cómo fue tu primera falta?, ¿has sentido alguna vez celos de tu propio hijo?

Autora: Cecilia Frías

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