La mayoría de los refugiados son mujeres, niños y niñas

Campamento de refugiados, ACNUR

Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado. En este día se quiere rendir homenaje a todos los que han tenido que abandonar sus hogares huyendo de la persecución por motivo de un conflicto o un desastre natural.

La situación ideal es que no estuviera escribiendo estas líneas, que la palabra refugiado no existiera, ni que su figura tampoco. Ojalá cientos de miles de personas no tuvieran que abandonar sus casas, ni su tierra. Y que si tuvieran que hacerlo, fuera para hacer un viaje de ida y vuelta, como se hace en vacaciones o cuando viajamos por placer.

Pero un refugiado no es una persona que se desplaza de su país para vivir una experiencia nueva, ni para conocer a gente. Un refugiado huye de su tierra porque su vida está en peligro, siente miedo. De repente, escucha un disparo. El sonido rezuma en sus oídos. Si puede, lo deja todo y se queda sin nada para salvar su vida. Son gente que se han visto obligadas a dejarlo todo: sus casas, su familia o su país, cruzando la frontera. No tienen agua para calmar su sed, ni comida que llevar a la boca, ni medicinas para curar sus heridas.

Una tragedia humana como la que vivieron (y en algunos casos viven) hombres, mujeres y niños en Hungría, Mozambique, Biafra, Bangladesh, Chile, Afganistán, Irak, Darfur, Líbano, Nepal,… .Según ACNUR, actualmente existen más de 53 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo. La mayoría de los refugiados son mujeres, niños y niñas. Irak, Sudán del Sur, Siria, República Demócratica del Congo (RDC) y Nigeria son algunos de los países donde se han producido más desplazamientos en los últimos años. El reciente terremoto en Nepal, el 25 de abril de 2015, también ha obligado a cientos de miles de personas a buscar refugio en tiendas de campaña.

De la noche a la mañana permanecen hacinados en un campo de refugiados sin saber muy bien por qué, esperando a que el peligro remita, a que el conflicto se termine y que todo vuelva a la calma. ¿Y como es el rostro de un refugiado? Su rostro se parece al tuyo o al mío. Probablemente, si tienen familia (que así suele ser), solo piensen en cómo lo están viviendo sus hijos, que no tienen nada, no van a la escuela, no tienen colegio, no tienen juguetes. O sí. Quizás uno. Probablemente ninguno. Pero lo que nunca les faltará es el calor de un abrazo. Hoy necesitan tu ayuda. ¿Nos ayudas a ayudar? Yo ya lo hago.

¡Colabora con ACNUR!

Deja una respuesta