Mi parto no fue un parto respetado, mi postparto inmediato tampoco

Ya conté en un post anterior la historia de mi parto, que considero que no fue respetado. Ahora os quiero contar cómo fue mi postparto en el hospital que, asimismo, considero que tampoco fue respetado.

Mi objetivo al contar estas experiencias es informar a otras mujeres de las prácticas hospitalarias con las que se pueden encontrar para que estén preparadas cuando llegue el momento y reclamen sus derechos, si consideran que éstos se están vulnerando.

Como ya os conté en el post Mi parto no fue un parto respetado, mi hija nació por cesárea. Nada más nacer, la enfermera me la mostró desde sus brazos y se la llevó para que la lavasen, pesasen, midiesen y le realizasen el test de Apgar. Así que no respetaron la fase del contacto precoz piel con piel, tan importante tras el nacimiento.

Después, mientras me cosían, se la llevaron a su padre y, cuando terminaron de coserme, me la dieron. Fue la primera vez que pude tenerla en mis brazos.

Tras el parto, la niña se queda conmigo, en mi habitación

Así, con mi niña en brazos, en una silla de ruedas, me subieron a mi habitación. Allí me puse a la niña al pecho. Por suerte, ella se agarró bien y comenzó a mamar sin problemas.

Había nacido sobre las 20:00 h. Alrededor de las 22:00 h, una enfermera vino a consultarme si quería que llevasen a la niña a pasar la noche en el nido para que yo pudiese descansar. Le contesté rotundamente que no, que la niña pasaría la noche con nosotros en la habitación.

La enfermera trató de convencerme de que la niña estaría mejor en el nido, que yo estaba muy cansada por la cesárea, que las enfermeras de mi planta estaban sólo para atenderme a mí, no a la niña, que la niña podría tener flemas por la noche y que nosotros no seríamos capaces de atenderla, etc.

Aun así, yo me negué a que se la llevaran a pasar la noche lejos de mí. Sin embargo, la enfermera no desistió y habló con mi marido en el pasillo, en privado, le metió miedo y le convenció. Así, él entró en la habitación, habló conmigo y consiguió convencerme de que era mejor dejar que se llevasen unas horas a la niña. Acepté.

La separación de mi niña: ¡no se volverá a repetir!

Se llevaron a mi hija. Fueron seis horas de separación. Ahora soy consciente de que esa separación es nefasta para el establecimiento de la lactancia, genera mucho estrés al bebé e interrumpe la continuidad con el hábitat conocido para el recién nacido: el cuerpo de su madre.

Sin embargo, cuando se acaba de dar a luz y no se tiene mucha seguridad en lo que se está experimentando (como me pasó a mí) es fácil dejarse convencer de cosas que, en realidad, no quieres o que tu instinto te dice que debería ser de otra manera.

Si tengo otro hijo, no permitiré que lo separen de mí al nacer, ni después (a no ser que haya una razón médica de peso que justifique la separación).

Desde aquí me gustaría animar a las futuras madres a que se planteen, antes del parto, cómo quieren que sea su postparto inmediato, que lo decidan conscientemente y que hagan que los profesionales que las atiendan en el parto respeten su decisión sobre el postparto inmediato.

Autora: Mónica Serrano

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