“Vidas minadas”, el efecto de las minas antipersona en los niños

Vidas minadas. Gervasio Sánchez

Estremecedora imagen del fotorreportero Gervasio Sánchez para su trabajo, Vidas minadas.

A lo lejos, en la oscuridad de la noche, se escucha el eco del último disparo. La guerra ha terminado, pero el conflicto todavía no ha llegado a su fin. De vez en cuando se oyen gritos cerca del camino que lleva a la escuela. Un niño acaba de pisar una mina antipersona. No está muerto. Permanece en el suelo, intacto, gravemente herido: ha perdido sus dos piernas.

Esta historia no es real, pero podría serlo. Cada año 26.000 personas sufren los efectos de las minas antipersona, cuyo objetivo principal no es matar, sino incapacitar, dañar, herir. Pueden producir lesiones graves, como ceguera, quemaduras o mutilaciones. La mayoría de las víctimas son niños. Por eso, con motivo del Día Internacional de Información sobre el Peligro de las Minas, que se celebra el 4 de abril, queremos rescatar el trabajo de Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959), uno de los fotoperiodistas más comprometidos de la actualidad, con su Vidas minadas.

Vidas minadas es un proyecto fotográfico que nació en el año 1995, dos años antes de que más de 144 estados firmasen el Tratado de Ottawa. Este acuerdo prohíbe el uso, la producción y la comercialización de estos artefactos, apenas perceptibles, que pueden permanecer activos 50 años después de un conflicto. Pero además, también exige la destrucción de las minas almacenadas, el desminado de las áreas contaminadas y la asistencia a las víctimas. A pesar del gran número de países que lo han ratificado, vergonzosamente todavía no ha sido adherido por los principales productores de estas armas, es decir EE.UU, Rusia, China o Pakistán.

“La guerra es un gran negocio. Por eso es imposible erradicarlo. Los países desarrollados son los principales exportadores de armas del mundo. Los que más venden son los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, es decir EE.UU, Francia, Rusia, China y Gran Bretaña. La comunidad europea es la principal fabricante de armas ligeras de todo el mundo, que son verdaderas armas de destrucción masiva. En la guerra se mata con pistolas y con fusiles, no con cohetes intercontinentales con cabezas nucleares”, señalaba no hace mucho el fotógrafo.

Un padre lisiado juega con su hijo pequeño desde la cama. Vidas minadas, por Gervasio Sánchez.

Camboya, Bosnia-Herzegovina, Afganistán, Mozambique, El Salvador, Nicaragua fueron algunas de las zonas en las que el fotorreportero cordobés consiguió captar, como nunca nadie lo había hecho, el devastador efecto de estos artefactos, baratos de producir (1,8 €) y caros de desactivar (718 €). Con Vidas minadas “he de reconocer que mi intención no fue solo ilustrar e informar sino provocar remordimiento. El resultado de mi trabajo, un libro y tres exposiciones, fue un alegato contra el cinismo y la desidia de la clase política”, ha explicado recientemente el autor en su blog en el Heraldo de Aragón.

Contar la historia de un niño o niña víctima de una mina fue su punto de inicio. El resultado hoy es un terrorífico mosaico gráfico de la barbarie humana, de la falta de humanidad del mundo, de las graves consecuencias que han producido (y siguen produciendo) las minas antipersona en 7 países de 4 continentes. Cada 20 minutos… se produce una víctima. ¿Quién será esta vez: un niño, una niña, un adulto?

En 2009, Gervasio Sánchez fue galardonado con el Premio Nacional de Fotografía, en parte por este magnífico trabajo. Vidas minadas también ha sido posible gracias a diversas ONG como Manos Unidas, Intermón Oxfam y Médicos sin Fronteras. La exposición Vidas Minadas se podrá ver del 22 de junio al 23 de septiembre de 2013 en el Valey Centro Cultural Castrillón de Asturias.

Un niño mutilado necesita cambiar 25 veces de prótesis a lo largo de su vida. Vidas minadas, Gervasio Sánchez.

Autora: M. Abalo