Regalos de Reyes: ¿juguetes para los padres o para los niños?

Tengo que reconocer que por fin han pasado las fiestas y el descontrol de horarios, levantarse relativamente temprano (más o menos) y acostarse tarde no, tardísimo. Ni mi estómago, ni mi hígado, ni mi castigado bolsillo me permitían un día más de excesos con la comida, la bebida y los regalos.

Pasadas las fiestas, asumo que he ganado algún “kilillo de más”, pero regreso al trabajo con mejor cara y mucho ánimo para afrontar este duro año, o eso dicen los agoreros.

Vuelta a la oficina con divertidas anécdotas sobre la Navidad

Esta semana, en el trabajo todos mis compañeros hemos comentado lo bien que nos lo hemos pasado, a pesar de la saturación de familia directa y política, inevitable y propia de estas fechas. Y por supuesto, hemos intercambiado impresiones sobre cómo se han portado los “reyes majos” en cada casa. Para vuestra información, algunos se han portado mejor y otros peor. Pero a raíz del tema afloraron curiosas anécdotas sobre los regalos de Reyes del año pasado. Y yo… no he podido resistir la tentación de contarlo y compartirlo con todos vosotros.

El curioso caso de Jorge: ¡regalo lo que considero!

Jorge (nombre ficticio para que el padre no se ofenda) nos confesó que el año pasado no acertó con ninguno de los regalos que sus dos hijas (por aquel entonces de entre 8 y 6 años) pidieron a los Reyes Magos.

Para que os hagáis una idea, la desilusión de su hija menor fue tal que al terminar de abrir sus regalos se echó a llorar desconsolada junto al árbol de Navidad.  ¡No había nada de lo que había pedido, NA-DA! Y acto seguido, entre sollozos hiposos, maldijo con toda la razón del mundo las blancas barbas de Melchor, los castaños rizos de Gaspar y la exótica corona de Baltasar. ¡Al padre, sólo entonces, se le encogió el corazón!

En nuestra improvisada charla, Jorge reconocía que no se había esforzado, no por falta de presupuesto, sino porque se negaba a seguir el dictado de los catálogos (sí, esos folletitos que las jugueteras reparten a los niños a la salida del cole y que a los padres nos ponen de los nervios, ¿o no?). De forma que esta pequeña tragedia sirvió de lección al joven padre. Este año, su sonrisa y buena cara reflejaban que esta vez había dado en el clavo.

El sorprendente caso de Fernando: ¿un regalo para su hija?

Otra compañera, pongamos que se llama Lucía, mujer de Fernando, también nos contó lo acaecido con su única hija el año pasado.

La niña (por aquel entonces de 8 años) pidió a los Reyes un precioso muñeco. Hasta aquí todo normal, como cualquier niño de su edad. El padre, encargado de entregar la carta a sus majestades, al leerla cambió extrañamente su deseo por un bate de béisbol y por una cometa. La cara de la niña al abrir sus regalos fue todo un poema. ¡Y no es de extrañar! La niña no es aficionada a este deporte, que sepa la madre y la familia, que no el padre. Y la cometa a día de hoy (un año después) no consiguen manejarla ni el padre ni la niña.

¿Cuál es la razón de tal despropósito?, pregunto sin dar crédito a lo que escucho.

Simple y llanamente pura cabezonería del padre, comenta la madre con cierta resignación.

La niña, este año fue más lista, pidió para sorpresa de sus padres un gato y… un hermano.

¿Queréis saber que le trajeron los Reyes? El muñeco que había pedido el año pasado.

Regalos de Reyes: ¿juguetes para los padres o para los niños?

Todo esto me hace pensar que algunos padres se empeñan en regalar a sus hijos cosas que no les hacen ilusión, que no han pedido. Los padres olvidamos que para un niño esta noche es esperada durante todo un año. En esa espera ponen toda su ilusión, sus expectativas…

Con esto no digo que haya que cumplir todos sus caprichos, pero al menos sí regalarles algo (por lo menos algo) de lo que han pedido, adaptado a nuestras circunstancias personales. No lo que de repente se les ocurra a los encargados de pedir los regalos. Y me pregunto: ¿ocurrirá lo mismo cuándo se encargan de ellos las madres?

En vuestro caso: ¿quién se encarga de los regalos?, ¿soléis acertar con vuestras decisiones?, ¿qué criterios utilizáis para regalar?

Autora: M. Abalo

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