¡Ya no es Navidad… para disgusto de los niños!

Navidad con niñosLa Navidad es una época del año que me ha gustado desde siempre. La decoración en las casas, las tiendas, la iluminación de las calles me da la sensación de estar viviendo en un sueño o un mundo mágico. De hecho no recuerdo como traumático el haber dejado de creer en Papa Noel o los Reyes Magos. Me resulta igual de excitante el crear una ilusión y poder mantenerla para otros.

Ahora que soy madre reciente me encanta la posibilidad de tener unos cuantos años por delante donde poder fomentar la fantasía y la imaginación de los pequeños con todos los cuentos y adornos que hablan de las diferentes tradiciones navideñas. Sin embargo, nunca había imaginado cómo iba a afectar a mi hijo la vuelta a la “cruda realidad” que se produce una vez que han pasado estas fechas.

Mi niño va a cumplir dentro de poco dos años. El año pasado apenas tenía uno y la Navidad pasó totalmente desapercibida para él a excepción de los regalos, claro. Este año, por el contrario, ha sido muy diferente. Ha participado en la decoración hogareña de lleno. Le llaman muchísima atención las luces y para él ha sido un descubrimiento sin precedentes ver que todas las casas, todas las tiendas e incluso las calles se llenaban de luz, guirnarldas, colores, parpadeos, etc. Ha estado fascinado durante 3 semanas. Cuando sus majestades han pasado a dejar regalos ha querido abrir todos los paquetes y disfrutar con todos los juegos.

El drama llegó el día que empezamos a recoger el árbol de casa. Nos miraba quitarlo todo sin entender. La expresión de su cara lo decía todo. Y todavía en casa fue algo progresivo porque estuvo delante en el momento de la recogida. Pero el auténtico chasco llegó cuando fuimos a casa de la abuela y aquél Belén grande y precioso, lleno de luces, con el que había estado jugando hasta el día anterior, había desaparecido. Y de ahí en adelante una frustración tras otra: ya no hay luces en las calles, ni muñequitos de Papá Noel colgando de las ventanas, ni estrellas en lo alto de los árboles. Todavía aún, dos semanas después, me sigue preguntando cada mañana cuando salimos a la calle por la estrella que nuestro portero había colocado en el portal. Y mi respuesta es siempre la misma: “ya no es Navidad, mi vida, el año que viene la pondrán otra vez”.

Y a mí me desgarra algo por dentro porque sé que el año que viene para él es toda una vida.

En tu caso, ¿tienes la misma sensación?, ¿a tu hijo le ha costado despedirse de la Navidad?

Autora: Ainhoa Uribe

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