Beber líquidos ayuda a prevenir la acidez en el embarazo

La acidez de estómago, creada por los jugos gástricos y las náuseas, y el estreñimiento son molestias típicas del embarazo que podemos ayudar a prevenir bebiendo líquidos a pequeños intervalos durante el día.

Esto es lo que señala la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) en un documento de consenso elaborado por los expertos sobre «Pautas de hidratación con bebidas con sales minerales para mujeres embarazadas y en periodo de lactancia«.

Durante el embarazo se producen numerosos cambios físicos en la mujer y las necesidades nutricionales se modifican. Aumenta el volumen sanguíneo debido a la mayor producción de líquido en sangre (alrededor de un litro y medio) y a las células que contiene (hematíes, plaquetas, glóbulos blancos…), por ejemplo.

Durante el embarazo se recomienda beber entre 2,5 y 3 litros de líquido en pequeñas ingestas, repartidas a lo largo del día.

El agua ayuda a hidratarnos, a eliminar tóxinas y a disminuir el riesgo de infecciones urinarias. Pero, sobre todo, facilita el flujo de nutrientes hacia el torrente sanguíneo, fundamental para el crecimiento del feto en el útero de la madre. Por esta razón, hay que beber entre 2,5 y 3 litros de líquido en pequeñas ingestas, repartidas a lo largo del día.

En la gestación también aumenta el umbral de la sed debido a los cambios hormonales que produce la progesterona y la hormona antidiurética, que controla la excreción del agua. De forma que el organismo tarda más tiempo en «informar» que necesita agua.

Para que nuestro nivel de hidratación sea el adecuado, debemos transformar la conocida regla de 8 vasos de agua por día en 10 vasos diarios, aunque no tengamos sed. En cambio, si tenemos sed, además de agua, podemos recurrir a otras bebidas con sales minerales, en concreto las que tienen sodio, y con azúcares de absorción rápida para facilitar una mejor rehidratación.

Existe la falsa creencia de que beber agua con sodio favorece la retención de líquidos. Sin embargo, la composición del agua y de las sales minerales nunca van a producir una alteración en el equilibrio homeostático de la mujer. Es más, cuanto más bebamos, mejor funcionarán nuestros riñones, que nos ayudarán a prevenir la formación de cálculos renales o piedras, que son más frecuentes en las embarazadas.

  • Además de estas bebidas, las embarazadas también podemos consumir con moderación bebidas azucaradas, ya que resultan agradables de sabor, favorecen que bebamos con más frecuencia y evitan los procesos de deshidratación leve.
  • Los zumos naturales también son recomendables para calmar la sed, aunque hay que extremar las precauciones con los que vienen envasados y moderar el consumo de bebidas con cafeína.
  • Otra forma de hidratarnos es tomar alimentos ricos en agua como las frutas y verduras: melón, sandía, fresa, pomelo, uva, naranja, tomate, zanahora, calabaza…

Todas estas recomendaciones se extienden al periodo de lactancia. En estas circunstancias las madres tienen más sed para producir la leche materna, que es la única fuente de hidratación del bebé recién nacido. Por esta razón las mujeres necesitan beber más.

Por último, la práctica de ejercicio, tanto en la mujer lactante como en la embarazada, propicia una mayor necesidad de hidratación para compensar las pérdidas de sudor. En estos casos conviene tomar bebidas con sales minerales.

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