El chupete, ¿cuál es la clave de su éxito?

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El chupete es un accesorio que la mayoría de los padres considera imprescindible y que no falta en la canastilla de las futuras mamás. Tiene defensores y detractores. Unos apelan a la importancia de sus efectos a la hora de consolar al bebé y otros destacan sus efectos nocivos sobre la dentición o la higiene de la boca. Pero, realmente ¿para qué sirve? ¿es de verdad tan necesario su uso? Para encontrar respuesta a estas preguntas, debemos meternos en la mente de un bebé y entender sus miedos y sus deseos.

Cuando un bebé llega al mundo todo es nuevo para él. Lo único que le suena conocido son la voz, el olor y la piel de su mamá y la voz de su papá. El bebé sólo puede comunicarse a través del llanto y no comprende lo que sucede a su alrededor.

De vez en cuando, el bebé siente incomodidad y llora. Unas veces le contestarán cogiéndole en brazos y meciéndole o cantándole una canción, otras le pondrán al pecho para que pueda comer y en otras le incorporarán para que pueda echar esos gases que tanto le molestan.

Todas estas acciones conseguirán un efecto placentero, así que cuando el bebé se sienta incómodo, lo más fácil será consolarlo poniéndolo al pecho o cogiéndolo en brazos. El chupete puede ser un complemento en esta tarea.

Con este artículo queremos dar respuesta a las preguntas más frecuentes que surgen con respecto al uso del chupete, que también tiene sus defensores y detractores. Unos apelan a la importancia de sus efectos a la hora de consolar al bebé y otros destacan sus efectos nocivos sobre la dentición o la higiene de la boca. Pero, ¿cuál es realmente la clave de su éxito?

En este artículo sobre el éxito del chupete:

¿Podemos consolar al bebé sin recurrir al chupete?

El chupete es un sustituto de alguna de las acciones que de forma natural calman o consuelan al niño, especialmente la de mamar.

Evidentemente no sustituye la función nutriente que tiene el pecho, pero sí aporta el consuelo que siente el niño cuando está en brazos de su mamá, pegadito a su pecho sintiendo su calor.

El niño puede llegar a sentir que el chupete le proporciona una gran seguridad que le calma instantáneamente.

¿El chupete es el único objeto que consuela al bebé?

No. Todos hemos visto niños que se duermen chupándose el dedo, cogiendo una manta o abrazados a un muñequito.

La clave está en que estos objetos ofrecen seguridad al bebé, ya que le recuerdan momentos placenteros en los que se sintieron seguros y plenos con todas sus necesidades cubiertas.

Estos objetos son lo que los psicólogos llaman «objeto transicional», que acompañan al niño en su crecimiento aportándole seguridad.

A medida que el bebé crece y adquiere habilidades motoras, el chupete se convierte en un objeto que él mismo puede administrar: lo coge y se lo pone cuando siente necesidad.

¿Por qué resulta más exitoso un chupete que un peluche?

Normalmente porque al hecho de aportar tranquilidad y consuelo por ser un objeto conocido, se une la posibilidad de realizar una actividad que resulta placentera en sí, como la de chupar.

Además, el chupete ofrece la posibilidad de llevarlo colgado y a mano, cosa que en ocasiones resulta más complicado con otros objetos, como un osito de peluche.

De igual modo, existen niños que necesitan utilizar más de un objeto que les proporcione tranquilidad a la vez, por ejemplo chupete y mantita.

¿Para el bebé es inevitable el uso del chupete?

No. El chupete aporta consuelo como sustituto de otras acciones. Si se puede coger al niño en brazos o ponerlo al pecho seguramente ya no necesite chupete.

Asímismo, como se indicaba anteriormente, existen otros objetos que resultan también placenteros: una mantita suave con la que acariciarse la cara, un muñequito de trapo confortable o con música, etc. Hay muchas posibilidades y a veces dependen del gusto del propio niño.

¿Es sano que los niños dependan de otros objetos?

El chupete les consuela y da seguridad ante momentos de inseguridad, dolor o desconsuelo.

Sí, es sano y natural. De hecho es una primera fase en el desarrollo de su personalidad. Los padres no siempre estamos delante cuando los niños se enfrentan a retos nuevos, ni sabemos entender cuándo se sienten inseguros.

Así pues, es beneficioso que se apoyen en objetos que les proporcionen tranquilidad, además de acudir a sus padres, y que puedan autogestionar estos objetos, que se aferren a ellos cuando lo consideren necesario y los suelten cuando ya no los necesiten.

Igual que hacen con su madre o su padre al enfrentarse a situaciones nuevas, por lo general los niños se pegan o alejan de los padres en función de sus necesidades de protección o de conocimiento del entorno.

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