El inicio de la deambulación y el desarrollo emocional del bebé

Cuando el bebé comienza a ser capaz de desplazarse por sí mismo (reptando, gateando, caminando), experimenta cambios no solo en lo que a la motricidad se refiere. Su esfera emocional también se ve afectada por esta nueva capacidad. El hecho de poder alejarse y acercarse a su madre a voluntad incide en el desarrollo de su autonomía, su autoestima y la confianza en sí mismo.

Cuando se inicia la capacidad de deambulación del bebé (primero reptando, luego gateando y, finalmente, caminando), se producen notables cambios emocionales en el mismo.

Obviamente, la posibilidad de desplazarse por sí mismo es un logro psicomotor importante. Pero igual de importante es el aspecto emocional de este hito evolutivo del bebé.

Cuando comienza a desplazarse por sí mismo, el bebé experimenta un desarrollo en su esfera afectiva. Comienza a ser capaz de investigar y explorar su entorno de forma autónoma. Esto le permite ampliar sus experiencias y actividades en gran medida.

Así, el bebé se enfrenta a nuevos retos ante los que alcanzará el éxito en algunas ocasiones (conseguir agarrar un juguete que estaba alejado, por ejemplo). En otras ocasiones no tendrá éxito (por ejemplo, si no consigue sortear un obstáculo y se cae).

El éxito y el fracaso que obtiene como consecuencia de las nuevas posibilidades que ofrece la deambulación inciden en el mundo emocional del bebé. Así, el éxito le generará satisfacción, autoconfianza y sensación de seguridad; mientras que el fracaso derivará en frustración, enfado, perseverancia…

Pero el aspecto esencial del desarrollo emocional del bebé asociado a la deambulación es la posibilidad de acercarse y alejarse voluntariamente de su cuidador principal (generalmente, el padre o la madre).

Ahora es capaz de alejarse y acercarse a su madre voluntariamente

El hecho de poder alejarse de su madre, pero tener la certeza de que podrá volver a acercarse a ella cuando así lo desee supone un incremento importante de la confianza del bebé en su entorno.

Esto le permite poder jugar, explorar y desplazarse en su ambiente teniendo la certeza de que él mismo puede controlar cuánto se aleja de su madre y durante cuánto tiempo.

A medida que la deambulación del bebé se va perfeccionando y el control de sus propios desplazamientos es mayor, su independencia del adulto va incrementándose, puesto que se ve capaz de conseguir lo que necesita sin depender de los demás. Así, podrá buscar a su madre gateando o caminando cuando la necesite, sin necesidad de esperar a que ella lo tome en brazos. Es el propio bebé el que puede tomar la iniciativa por sí mismo.

Estas capacidades abren un mundo de emociones al bebé, que podrá disfrutar de autorregular sus movimientos cada vez más, decidir (hasta cierto punto) a dónde quiere ir, en que lugar físico (dentro de unos límites) quiere estar. Puede seguir a su madre y a su padre, buscar intimidad en un rincón de la habitación y buscar un objeto alejado que necesite.

Por tanto, el ser capaz de desplazarse por sí mismo incide en la autonomía del bebé, en la formación de su autoconcepto y en la adquisición de confianza en sí mismo.