¿Deben los bebés y niños dormir en la cama o habitación con sus padres?

Existen dos corrientes contrapuestas sobre si los niños deben o no dormir con sus padres en la misma cama o habitación. Aquí te exponemos los argumentos que defienden los partidarios de dormir en dormitorios separados, y también de los que están a favor del colecho. Así podréis decidir que opción se ajusta más a vuestras necesidades. Recuerda: ¡la última palabra la tenéis vosotros!

Se han dicho muchas cosas acerca de si es conveniente o no que el niño comparta la habitación o la cama de los padres.

Desgraciadamente, a menudo los argumentos se basan en modas o tendencias sin fundamento. Lo importante es que cada familia reflexione y obre de la manera que le parezca más conveniente, de acuerdo a su manera de pensar.

Te exponemos, a grandes rasgos, las dos alternativas, para que tu misma puedas confrontarlas:

Dormitorios separados:

A partir del sexto mes, el bebé debe aprender a dormir en su propio cuarto, sin excepción. La habitación y la cama de los padres pasa a ser «territorio prohibido» para los niños.

Esta opción comporta, de alguna manera, que hay que entrenar al bebé; pues los bebés, que encuentran la protección en sus padres, quieren por lo general estar todo el tiempo con ellos.

La mayor ventaja es que los padres recuperan casi totalmente su independencia durante la noche. El mayor inconveniente es que, cada vez que permitan a su hijo dormir con ellos en su cuarto, este querrá repetir y llorará para pedirlo. Ello obligará a la familia a malgastar sus energías en sucesivos entrenamientos.

Opción blanda o natural:

A lo largo de la Historia, ha sido lo más común que los bebés durmieran cerca de sus padres. Actualmente, sigue siendo la norma en muchas culturas.

Muchos padres occidentales siguen considerando esta opción totalmente natural. No hay una fecha fija para que el niño tenga habitación propia. Lo decide cada familia en función de sus necesidades y de la evolución del pequeño.

La cama de los padres es un lugar que puede compartirse tanto para mimos y cosquillas, como para consolar al bebé cuando esté triste.

Los padres pierden cierta intimidad, pero la atención al bebé se comparte por ambos padres, por lo que ganan complicidad entre ellos y con su bebé.

En contra de lo que ciertos colectivos sostienen, los niños que son así aceptados por los padres suelen desarrollar pronto su independencia.