Las chucherías: caramelos y golosinas en la dieta infantil

Las chucherías (caramelos, golosinas, gusanitos…) son productos elaborados a base de azúcares, harinas, grasas… Por su colorido, forma y sabor, son muy atractivas para los niños. Pero no son nutritivas y ni saludables. Por ello, no debemos permitir que nuestros hijos se acostumbren a consumirlas. Muchas veces, se utilizan para premiar la buena conducta del niño. Esto debe evitarse.

Se trata de un grupo variado de «cosas comestibles». ¡No hay más que ver el aspecto multicolor de un quiosco!

Algunas chucherías son dulces: caramelos, gominolas, «esponjitas», bombones. Se componen de hidratos de carbono: azúcar, sorbitol, harinas, gomas, gelatinas de origen animal…

También contienen grasas: cobertura de chocolate, cacao, aceite de palma y de coco (¡muy peligrosas! son las grasas que tienen mayor cantidad de colesterol). La mayoría tiene colorantes y aromas artificiales.

Otras, en cambio, son saladas: «gusanitos», «fritos», «patatas chips», «ganchitos», … Estos se fabrican a base de harinas de cereales y grasas (la mayoría de las veces no especifican cuál es su origen). Además aportan demasiada sal, colorantes y aromas artificiales.

En algunos libros de nutrición se utilizan términos como: alimentos chatarra o alimentos basura para designar a todos estos productos que, si bien son «comestibles», no son «alimenticios». Un término más neutro es el anglicismo snacks.

El consumo de chucherías debe limitarse a unas pocas situaciones, por ejemplo en Navidad. No deben utilizarse como premios. Conviene que los padres conozcan los inconvenientes de estos productos para la alimentación y educación de sus hijos.

Las chucherías en la nutrición y la salud de los niños

No aportan ningún nutriente «esencial». Sólo cosas «superfluas» (grasas, azúcares) o «perjudiciales» (sal, colesterol, aromas artificiales…).

  • Favorecen la aparición de caries.
  • A más largo plazo pueden contribuir al desarrollo de obesidad, diabetes, hipercolesterolemia
  • Por su composición, contienen muchas calorías. Esto hace que el niño esté saciado y no tenga apetito para tomar los alimentos más saludables.

Las chucherías desde el punto de vista psicológico

  • Se convierten con facilidad en objeto para diversos «chantajes psicológicos» tanto por parte de los adultos como del niño.
  • Cuando el niño está saciado a base de dulces, golosinas y chucherías, suele plantear conflictos a la hora de comer.
  • A menudo, nadie discute por una chuchería cuando un niño la pide (¡total, es tan barata!), de forma que el niño se acostumbra a que sus deseos sean satisfechos de forma inmediata. ¡Esto no es un buen aprendizaje para la vida de adulto!
  • A menudo se pierde la cuenta del dinero gastado en estos productos. En nuestro país es fácil que un niño gaste 0,60 euros al día en chucherías. ¡Esto son 215 euros al año en productos totalmente inútiles!