Reportaje II: ¿Cómo asimilan los niños adoptados la información sobre su origen?

El proceso de comprensión de la condición de hijo adoptivo varía según el desarrollo de los hijos. No revelar el origen del niño adoptado produce efectos perjudiciales en la persona y genera desconfianza e inseguridad entre padres e hijos. La edad ideal para comunicar a nuestro hijo que es adoptado es en los primeros años de vida.

Los expertos en adopción consideran que desconocer nuestros orígenes puede llegar a afectar nuestra salud emocional, nuestra forma de relacionarnos con los demás y en definitiva, condicionar nuestra felicidad personal.

En el caso de Beatriz, su madre le confesó que era adoptada tiempo más tarde, sin embargo madre e hija nunca profundizaron en el tema. “En el fondo lo que más temen los padres adoptivos son los reproches de sus hijos a que no los consideren padres al uso”, explica Beatriz. Pero reconoce que sus padres, lejos de mermar su autoestima, siempre le imprimieron carácter positivo y le hicieron tener buena consideración de sí misma, sentirse alguien feliz y afortunada. “Han pasado muchas cosas, pero en ningún momento he sentido rechazo. Me he sentido silenciada, pero no engañada u ocultada”, considera.

La relación con sus padres siguió dentro de los cauces de la normalidad. Supo que ellos querían hablar con ella mucho antes, pero fueron pasando los años y no fueron capaces. “Mis padres lo han hecho todo bien, solo una cosa que no han hecho ni siquiera mal, que es hablar. Esto es por miedo, por precaución, llámalo como quieras. Las cosas, al final, se tienen que resolver y los silencios, sean conscientes o inconscientes, sean secretos o por simple omisión, se tienen que romper”, señala Beatriz.
Pasados los treinta años, días antes de casarse por el juzgado, solicitó la partida de nacimiento y se encontró con todos sus datos de filiación, incluidos el nombre y apellidos de su madre de nacimiento, tal y como ella prefiere denominarla.

Hasta aquel momento solo sabía que había nacido en un hospital de Madrid, que sus padres adoptivos la recogieron 24 horas después de su nacimiento y que días más tarde, regresaron a Bilbao. Durante todo ese tiempo, Beatriz se había hecho una fantasía sobre su madre biológica. Pensaba que posiblemente era una chica jovencita que se había quedado embarazada de una violación o de un novio que no se quería hacer cargo de ella y que, por creencias o motivos económicos, su familia la obligó a dar a luz y entregar a su hija en adopción.

Sin embargo, su sorpresa fue comprobar que no se trataba de una persona joven, como ella pensaba, sino de una mujer hecha y derecha de 29 años de edad. “En ese momento empecé a hacerme preguntas, ya no de quién era yo, sino de qué le pasó a esa mujer. Yo fui madre soltera y tuve un hijo con 19 años. Y encontré, de alguna forma, una línea de conexión y sentí la necesidad de decirle gracias por haberme dado la vida”, comenta Beatriz.

¿Para qué sirve el servicio de postadopción?

Beatriz estuvo cinco años dándole vueltas a qué hacer o no hacer, si decírselo a sus padres o seguir buscando más datos. Gracias a la legislación actual, muy diferente a la de la época en la que ella nació, Beatriz pudo hacer uso de los servicios postadopción que hoy existen.

Estos, además de evaluar a las familias para ver si son aptas o no aptas para adoptar, ofrecen ayuda a los padres y a los hijos, tanto para temas puntuales como para problemas a largo plazo en materia de adopción. Beatriz recurrió a uno de los dos centros que hay en Madrid y explica “con todo el mundo he podido hablar de la adopción, excepto con mis padres y mis hijos.

El psicólogo, después de unas cuantas sesiones de terapia, fue el que finalmente la apaciguó y la ayudó a encontrar el equilibrio entre su familia -esas tres piezas que, de alguna forma, integran sus padres, sus hijos y su madre de nacimiento- y sus conflictos internos. Beatriz necesitaba conocer sus orígenes, saber quién era y qué le había ocurrido a aquella mujer sin hacer daño a nadie.