Bebé: el desarrollo, etapas en el parto

El nacimiento de un bebé es uno de los momentos más emocionantes para una madre, y para un padre. Después del embarazo y el parto, la pareja y el recién nacido tienen que adaptarse a un nuevo entorno.

El parto es una preocupación común en la mayoría de las embarazadas, especialmente si se trata del primer bebé. Al final del embarazo es lógico tener miedo y ¡muchas dudas!

Desde que descubres que estás embarazada irás conociendo cómo se desarrolla el feto cada semana de embarazo y cómo se desarrolla el bebé y niño en su primera infancia.

Con la práctica los padres aprendemos a distinguir cuando el bebé llora porque tiene hambre, sueño o se siente molesto. También sabemos si nuestro hijo es un bebé fácil, un bebé difícil o un bebé apático.

El cambio del pañal, el aseo diario, el sueño del bebé y su alimentación son las primeras formas de cuidado físico. Al principio estos cuidados pueden resultar agotadores para los padres. Sin embargo, este cansancio se disipa, por lo general, cuando cogemos al bebé en brazos, le hablamos, le acariciamos y percibimos su primera sonrisa, aunque ésta todavía no sea una respuesta social, es un indicador de que nuestro bebé madura correctamente.

Además de su sonrisa, el contacto estrecho entre padres e hijos favorece la relación de apego. No hay que olvidar que este vínculo natural facilita la crianza de los bebés. Si los padres no tienen apego por la propia cría, si no sienten ternura hacia ella, difícilmente soportarán las noches en vela, las enfermedades, los cólicos del lactante y las rabietas de nuestros hijos.

Los cambios que experimenta el bebé en su desarrollo intelectual, psicomotor, afectivo, psicológico y social son realmente espectaculares durante su primer año de vida. De ser un recién nacido desvalido, pasa a convertirse en un niño cada vez más autónomo que anda, juega y se relaciona con los demás.

Para saber cuánto tiempo queda para tener al bebé, las mujeres podemos observar las siguientes señales: si hemos perdido algo de peso, si se ha desprendido el tapón mucoso o si hemos tenido alguna contracción leve, como las de Braxton Hicks, que se producen en la recta final del embarazo.

El parto se inicia cuando las contracciones se producen cada 2-10 minutos. En este momento existen algunas alternativas para aliviar el dolor del parto, como la administración de la epidural o las técnicas de respiración y relajación que la mujer ha practicado durante la gimnasia de preparación al parto. Cuando el cuello del útero está dilatado y el médico, o la comadrona, pide a la mujer que puje significa que falta muy poco para tener al bebé en nuestros brazos. La última fase del parto finaliza con la expulsión de la placenta.  

Antes de que se produzca el parto conviene prever ciertos aspectos para facilitar la llegada del bebé, y que ésta no nos produzca estrés. Conviene preparar una pequeña maleta con aquellos objetos imprescindibles que podamos necesitar en el hospital cuando nazca el bebé. Algunas mujeres también suelen planficar con quién dejar a los niños, en caso de tener más hijos. Esto conviene hacerlo unas semanas antes del parto. La razón principal es que el parto se puede retrasar o adelantar respecto a la fecha prevista.

En cuanto a ti, semana a semana observarás como irán apareciendo y desapareciendo algunas molestias típicas del embarazo: las náuseas en el primer trimestre, el ardor de estómago en el segundo trimestre y el dolor de espalda en la recta final de la gestación. Tu embarazo puede durar entre 39 y 42 semanas.

Durante el embarazo tu hijo pasa de ser un embrión con aspecto de alubia a convertirse en un feto con forma humana. ¡A los 20 días ya puedes escuchar latir su corazón y en el quinto mes (entre la semana 19 y 21) saber si es niño o niña! A lo largo del embarazo el feto va madurando hasta que todos sus órganos funcionen correctamente (intestinos, páncreas, pulmones, riñones...) y el bebé esté preparado para vivir fuera del útero.

El desarrollo de los bebés en su primer año de vida también es espectacular. Tu hijo pasa de necesitarte para todo (alimentarse, dormirse, desplazarse...) a ser un niño autónomo que anda, habla y juega con otros niños. ¡Cada vez se parece más a un adulto, como su mamá o su papá!