Si damos marcha atrás podremos ver claramente cuáles han sido los factores que han provocado el accidente:
La propia casa puede esconder peligros. Algunos son fáciles de ver: un balcón, una piscina, una chimenea. Otros se esconden bajo el aspecto de objetos habituales: un cenicero, la bañera, un collar de abalorios, una bolsa de pipas...
Conviene observar detenidamente nuestra casa para detectar riesgos. Si estamos en una casa ajena, en la calle, en la carretera, se añaden otros factores de riesgo: las piscinas, las corrientes de agua, los cables, las obras, el tráfico,... En un lugar extraño no conocemos los peligros, por lo que se debe estar alerta.
Los padres conocen mejor al bebé que una canguro nueva. Son más ágiles que unos abuelos para rescatarlo y por supuesto, pueden anticipar mejor la conducta del bebé que un hermano mayor... Pero cualquiera puede estar cansado o distraído, o dormido o ... A veces, incluso hay varios adultos pero ninguno se ocupa del bebé.
En la vida diaria casi todo es más previsible, pero hay momentos en que la atención puede estar centrada en otros asuntos. Es entonces cuando el bebé puede estar desatendido, aunque sólo sea por unos momentos y por causa justificada. Por ejemplo:
El propio niño es más propenso a accidentarse porque: