La rubéola aparece debido a la acción de un virus ARN de la familia de los Togavirus.
Los niños puden padecerla más fácilmente que los adultos. Sin embargo, las mujeres embarazadas que contraen la enfermedad pueden transmitir el virus al feto a través de la placenta y el bebé puede nacer con severas malformaciones.
Esta enfermedad es contagiosa y pasa de un ser humano a otro a través de la tos, estornudos, moco o la saliva, entre otros.
Luego aparece una erupción (exantema) formado por manchitas de color rosado claro, por el cuerpo.
Suele acompañarse de ganglios (bultitos) en la nuca.
A veces, hay un poco de fiebre o quizá duela alguna articulación.
En caso de contagio durante el embarazo, el virus puede afectar al embrión y el bebé puede nacer con malformaciones en el corazón y sistema nervioso. Por eso es muy importante que la mujer esté vacunada de la rubéola. (Más información en las malformaciones y las infecciones)
Los enfermos pueden contagiar desde unos días antes de que aparezca el sarpullido hasta 5-7 días después.
Los niños afectos de rubéola congénita eliminan el virus (y por tanto, pueden contagiar a otros) durante varios meses.
En 1979, se empezó a vacunar sólo a las niñas. Es necesario recordar que el virus podía dañar al feto si las mujeres embarazadas contraían la enfermedad durante la gestación.
Desde 198, cuando se introdujo la triple vírica, se pone a niños y niñas, a los 15 meses y 11 años. (Se recomienda consultar el calendario vacunal de cada comunidad)