La causa de los movimientos está en descargas eléctricas del cerebro. En cuanto a los motivos de que el cerebro produzca señales eléctricas anormales, pueden ser varios:
Los expertos hacen varias clasificaciones complejas, que podemos simplificar así:
El instrumento definitivo para clasificar las convulsiones es el electro-encéfalo-grama (E.E.G.), aunque a veces se utilizarán otras técnicas diagnósticas más complejas (T.A.C, Resonancia Nuclear Magnética, angiografía, ecografía, entre otras).
¿Qué son las convulsiones febriles?
Las “típicas” son las que se producen durante un episodio febril, sin que haya una infección del sistema nervioso. Afectan al 3% de los niños entre las edades de 6 meses y 3 años. Quizá, algún otro miembro de la familia tuvo también este tipo de convulsiones.
En general, ocurren con fiebre por encima de 38,5º, aunque la causa de la misma sea una enfermedad leve. Duran muy pocos minutos (aunque para los padres sea toda una eternidad).
A veces, los niños o bebés, expulsan heces u orina al final, debido a que todos sus músculos se relajan. Después, el bebé se recupera aunque durante un tiempo está algo abotargado. Su E.E.G. (electro-encéfalo-grama) siempre es normal.
En algunos casos se habla de convulsiones febriles “atípicas” o complejas. Esto es cuando:
Probablemente se debe a que en esos niños coexisten otros factores, que pueden indicar una predisposición a tener más convulsiones.
No dude en comentarlo con su pediatra si sabe que:
La mitad de los niños que tienen una convulsión febril típica pueden tener otras (o varias) más. En el caso de crisis atípicas o complejas, la probabilidad aumenta.
La primera medida que se aplica a un niño que tiene una convulsión es suministrarle Diazepam, un medicamento que se suele poner a través del ano, por medio de una canulita.
Es un tratamiento rápido y eficaz en la mayoría de los casos, aunque a consecuencia de ellos, se prolongará la fase de somnolencia posterior. Después, no hace falta tratamiento especial.
Es normal que los padres empiecen a tener “fobia” a la fiebre. Pero la mayoría de los niños no necesitarán más tratamientos.
Si se repiten las convulsiones febriles, se suele aconsejar a los padres utilizar Diazepam de forma preventiva solamente los dos primeros días de los episodios febriles.
Hasta hace pocos años, se recomendaba tratamiento preventivo continuo durante varios años con anticonvulsivantes.
En la actualidad, los antiepilépticos se reservan para los casos de epilepsia de uno u otro tipo.