
El primer síntoma es el dolor abdominal. El bebé llora y se encoge bruscamente.
Luego se relaja. Unos minutos después, se le contrae el intestino y vuelve a sentir dolor. Como es un dolor bastante fuerte, se puede quedar pálido.
La siguiente manifestación suelen ser los vómitos.
La tercera, la más tardía, consiste en que el bebé expulsa heces con un poquito de sangre.
El bebé no suele tener fiebre (quizá unas décimas) ni diarrea franca.
Ante este cuadro, acudan a un Servicio de urgencias pediátrico.
El médico puede confirmarlo mediante 3 exploraciones:
La gran mayoría de las veces este problema se resuelve administrando al bebé un enema, que “desenchufe” la porción de intestino.
Otras veces es necesario recurrir a una operación quirúrgica bastante sencilla.
Es excepcional que haya complicaciones.
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