
La intolerancia a la lactosa se manifiesta de distinto modo según la edad del niño. Cuando el motivo es una diarrea, producirá más diarrea, o sea, que el bebé no mejora. Las heces serán muy ácidas y por tanto, la zona alrededor del ano estará muy enrojecida.
Cada vez que el bebé defeque, le producirá escozor y llorará. Además, el bebé tendrá ruidos abdominales y ventosidades porque la lactosa fermenta dentro del intestino, produciendo muchos gases.
El niño mayorcito que va perdiendo la capacidad de digerir la lactosa, suele rechazar la leche, incluso que la vomite y quizá se queje de dolor abdominal.
Es muy probable que en su familia, haya alguna persona que tome muy poca leche, o incluso le de repugnancia.
En España y Europa, esto puede afectar al 25% de la población. En América el porcentaje es superior al 75%. En Asia, el 100% de los adultos rechazan la leche.
Si se sospecha el síndrome post-gastroenteritis, se dará al bebé una leche especial que no contenga lactosa. Hay varias marcas y se venden en farmacias.
Se preparan como cualquier otra fórmula infantil (un cacito raso por cada 30 c.c. de agua). En general, bastará con que lo tome durante 2-3 semanas. Después podrá volver a tomar su marca habitual de biberones.
Los bebés que toman el pecho toleran bastante bien la lactosa de la leche materna.
Los niños mayorcitos con intolerancia a la lactosa y los adultos, prefieren tomar yogurt o queso, que apenas contienen lactosa debido al proceso de fermentación.
No. Sólo excepcionalmente, ya que este cuadro forma parte de otro más complejo como puede ser la enfermedad celíaca, una diarrea crónica severa o una malnutrición.
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