La primera y casi única manifestación es la fiebre, que puede ser incluso bastante alta (algunos bebés llegan a tener convulsiones febriles). Pero, el bebé o niño no tiene otros síntomas como toser o vomitar.
Es habitual que se atribuya a “la garganta”, pero a esta edad, los bebés no tienen amigdalitis casi nunca.
Al tercer día de haber empezado, la fiebre desaparece y el niño tiene un sarpullido por el cuello y la parte superior del tórax.
Son manchitas rosadas, planas, de 2-3 mm de diámetro. Están por el cuello y el tronco. A veces, en la parte superior de brazos y muslos. No pica. Al apretar la piel, se borran unos segundos.
Si no se piensa en esta enfermedad, muchos niños reciben antibióticos por la fiebre, y al brotar el sarpullido, se les cataloga de alérgicos al producto que toman.
Nada. Es una enfermedad benigna, que siempre se cura por sí sola, en 3-4 días.
No. La única complicación es que el bebé haya padecido convulsiones por la fiebre. Además, no se vuelve a padecer más veces.