La sordera es la incapacidad de oír los sonidos. Uno de cada 750 niños recién nacidos normales puede estar afectado de sordera congénita. Es decir, que es un trastorno relativamente frecuente.
Un bebé con sordera congénita no puede aprender a hablar de forma normal. Esto alterará sus relaciones con los padres y con otros niños.
Si se detecta precozmente la sordera, se podrá favorecer con diversos tratamientos que desarrolle alguna capacidad para oír y mejorará notablemente el desarrollo de su lenguaje.
Los especialistas han elaborado una lista rápida que permite sospechar si existe algún factor de riesgo de sordera en cada bebé concreto.
Para recordarla, mejor utilizan un acrónimo, o sea, una palabra clave cuyas letras dan las pistas acerca de dichos factores de riesgo. Para la sordera utilizan la palabra hearing que precisamente significa audición en inglés.
He aquí las claves:
Si un bebé tiene algún factor de riesgo o si los padres detectan alguno de los signos de alerta, deben comentarlo con su pediatra para que éste valore al bebé y solicite las pruebas necesarias.
Las pruebas de audición son diferentes según la edad del bebé.
Los bebés pequeños no pueden colaborar y por eso se utiliza una prueba bastante sencilla que no les molesta llamada "Potenciales Evocados".
Si se confirma un defecto de audición, cuanto antes se corrija, mejor evolucionará el niño. Las posibilidades de tratamiento incluyen: