Muchos prematuros padecen anemia a partir de los 2 meses de vida debido a que deben fabricar rápidamente hematíes y carecen de reservas de hierro.
Si el bebé ha recibido transfusiones de sangre previamente, tiene algo más de hierro de reserva. Pero los bebés a quienes no se haya transfundido o los que hayan sido tratados con eritropoyetina, necesitarán suplementos de hierro durante casi todo su primer año de vida.
Conviene hacer algunos análisis de sangre de control y determinar no sólo el nivel de hierro, la hemoglobina y el hematocrito, sino también la ferritina, que indica el estado de las reservas de hierro. El hierro se dará al bebé en forma de gotas. Para ajustar la dosis hay que recordar que algunos alimentos aportan cantidades extra de hierro.
Los bebés prematuros, una vez superados sus problemas médicos, empiezan una etapa de crecimiento acelerado. En el hospital habrán recibido leche con suplementos de calcio y fósforo.
Desde que cumplen 15 días de vida, se les dará además un suplemento de vitamina D (400 U.I. al día) para prevenir el raquitismo. Este suplemento deberán tomarlo hasta cumplir un año de edad. Los bebés que hayan pesado menos de 1.000 gramos deberán vigilarse más estrechamente. Cuando sea posible, conviene que los bebés tomen el sol o paseen al aire libre puesto que la luz solar es otra fuente natural de vitamina D.