Para que un agente infeccioso llegue al sistema nervioso central tiene que haber penetrado en el cuerpo. Por ejemplo a través de una herida, un defecto congénito como el mielomeningocele, una infección de las vías urinarias, o una septicemia.
Además tiene que burlar al sistema inmunitario y por último, atravesar las meninges: pasar de la sangre al líquido cefalorraquídeo.
Los bebés prematuros tienen las membranas meníngeas algo más débiles y a veces están afrontando simultáneamente varias complicaciones.
¿Qué consecuencias puede tener?
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