Ductus arterioso y persistencia de circulación fetal
Durante la vida fetal, la circulación sanguínea es algo especial, ya que la sangre venosa no se oxigena en los pulmones sino en la placenta.
El corazón del feto no bombea sangre a los pulmones para recibir oxígeno. Por eso su corazón no necesita una separación de las arterias pulmonar y venosa.
En el corazón fetal esos dos vasos sanguíneos están conectados por otro vaso denominado ductus arterioso. Al nacer este conducto se cierra y se separan la arteria pulmonar y la venosa.
Además el corazón del feto tiene una abertura entre las aurículas derecha e izquierda que se llama foramen oval. Este orificio comunica las aurículas, de modo que la sangre oxigenada pueda pasar de la aurícula derecha a la izquierda y de ahí, llegar a cerebro.
Cuando el bebé nace, estas rutas por las que fluye la sangre se deben cerrar cuando comienzan a funcionar los pulmones y el aparato cardiovascular, para que la sangre venosa pase por la circulación pulmonar y se enriquezca en oxígeno.
Todos estos cambios que se producen dentro del corazón están encaminados a que no puedan mezclarse la sangre arterial y la venosa. Esto ocurre de forma espontánea, en cuestión de minutos o de muy pocas horas.
Si el conducto arterial no se cierra, el bebé se pondrá azulado y manifestará dificultades para respirar. También será diferente el sonido del corazón al auscultarlo.
En caso de que el bebé tenga algún tipo concreto de malformación cardiaca, este “by-pass” natural puede ayudarle a tolerar su cardiopatía, hasta que sea operado.
Algunas veces no se sabe la razón de que no se cierre espontáneamente.
Otras veces, se ha cerrado pero vuelve a abrirse cuando dentro de los pulmones hay una presión excesiva.
Por ejemplo, cuando está conectado a un respirador, cuando los bronquios están poco desarrollados, y en otras circunstancias (policitemia, aspiración meconial, ...)
En primer lugar se deben evitar todos los factores predisponentes y se debe mejorar la oxigenación de los tejidos.
Esta situación necesita asistencia respiratoria y la aplicación de fármacos que aceleren tanto la maduración de los pulmones como la función del corazón.
La persistencia del ductus arterioso y/o de la circulación fetal significa una dificultad añadida para la supervivencia del prematuro, pero puede ser tratado con éxito, excepto en caso de cardiopatías congénitas complejas u otras complicaciones añadidas.