En ocasiones no es posible un parto vaginal y se debe recurrir a una cesárea. Consiste en una operación quirúrgica para extraer al bebé mediante una incisión en el abdomen de la mujer y en el segmento inferior del útero. Una vez en el exterior, al recién nacido se le succiona la nariz y la boca para evitar que quede líquido en su interior.
Después, se corta el cordón umbilical y se extrae la placenta. El médico se encarga entonces de examinar los órganos reproductores de la madre y, por último, cose con puntos de sutura las dos zonas afectadas (abdomen y útero) por las incisiones quirúrgicas.
En la mayoría de los casos, este tipo de parto se comunica a la mujer con antelación pero, en otras ocasiones, puede ocurrir que sea necesario practicar una cesárea de urgencia debido a la aparición de complicaciones durante el parto.
¿Cuáles son las causas más frecuentes?
En este tipo de parto, las pacientes pueden recibir anestesia general, aunque también hay ocasiones en las que se les suministra anestesia regional: epidural o espinal. En ambos casos, el acompañante debe quedarse fuera del quirófano por razones de asepsia.
Además, en los partos por cesárea, la mujer necesita más tiempo para recuperarse. La madre debe permanecer en el hospital aproximadamente una semana.