Puede ocurrir que la capacidad de contracción del útero esté disminuida y que las contracciones sean demasiado débiles para dilatar el cuello del útero. En estos casos, se administra a la mujer un goteo de oxitocina para estimular o incluso provocar las contracciones. A menudo es preciso utilizar fórceps o ventosas para ayudar al bebé a nacer.
Durante el parto, lo habitual es que las contracciones sean más intensas en la parte superior del útero, de modo que las mismas empujen al bebé hacia el canal del parto. Pero cuando las contracciones se producen a la inversa, es decir, son más intensas en la parte inferior del útero, imposibilitan el descenso del niño hacia el canal del parto. El ginecólogo administrará en estos casos oxitocina para estimular las contracciones. Si este tratamiento no funciona, es preciso practicar una cesárea.