Aunque lo normal a esta edad es que el niño duerma toda la noche sin interrupciones, eso no significa que vaya a dormir todas las noches de un tirón. Muchos niños se despiertan en las fases de “sueño ligero”, o sea, cada 2 –3 horas.
Cualquier cambio en su rutina diaria puede alterar su sueño. Un cambio de cama, un cambio de habitación, un viaje o la pérdida de su juguete favorito, especialmente si duerme con él, pueden impedirle conciliar el sueño o despertarle una vez dormido. La salida de un nuevo diente o la fiebre, si está enfermo, también pueden despertarle a mitad de la noche.
Si llora un poco al acostarse o en mitad de la noche se le debe consolar cariñosamente en su cuna y abandonar la habitación cuando se haya calmado para que vuelva a dormirse él solo.
Como el niño se ha hecho más fuerte y ha aprendido a andar, a veces se escapará trepando de su cuna e irá al cuarto de sus padres para meterse en su cama. En estos casos los padres deben tener claro lo que desean hacer: permitírselo o devolverle a su cuarto. Y actuar en consecuencia.
Si permiten que el niño duerma en su cama, el niño se acostumbraría a ello y lloraría desconsoladamente durante las noches siguientes para conseguir dormir de nuevo en la cama de sus padres.
Si ceden, conviene dejar claro que se trata de una circunstancia excepcional y que “mañana” el niño volverá a su cuarto. Aunque “mañana”, el niño intentará negociar de nuevo.