A partir de los 3 años, muchos niños tienen miedo por las noches. Detrás de esos miedos puede haber cosas muy diferentes: un cuento, una película de la televisión, una pelea con otro niño, un cuidador demasiado severo,...
Pero en el fondo subyace el temor a ser abandonado pos las personas más importantes en su vida: sus padres. Por eso siempre hay que tomarlos en serio.
Lo que SÍ se debe hacer para ayudar al niño con miedo
Reconocer el sentimiento del niño. Aunque los padres no sepan por qué, aunque parezca una tontería, ÉL tiene miedo.
Ayudarle a entender su propio sentimiento, ponerle nombre, decir de forma asertiva “Entonces, lloras y no te quieres dormir porque tienes miedo”. Esto facilita que el niño comente algo de sus temores.
Escuchar con atención, asintiendo con la cabeza, para indicar que se comprende facilita que el niño siga hablando.
Una frase como “Me gustaría ayudarte a superar ese miedo” o bien “¿Cómo puedo ayudarte yo?”contribuye a mejorar el clima, a relajar al niño.
Pasar a la acción de forma inmediata, esa misma noche. Cada familia puede diseñar una estrategia. Estas son solo algunas ideas:
Un poco de magia: “Si yo tuviera una varita mágica... ahora mismo te quitaba el miedo, lo haría papilla y dormiríamos todos felices. Pero solo tengo besos mágicos. Te daré un montón.”
Más magia: “Traspasar los poderes” a uno de los muñecos favoritos del niño. Encargarle de que le cuide durante la noche. No hay que tener miedo a usar un poco la fantasía, los niños no se confunden tan fácilmente.
Asegurarle que acudiréis a su lado si llama, cuantas veces haga falta.
Pedirle que, si tiene miedo, llame primero al muñeco, pues los papás están “un poco cansados hoy” y a lo mejor no oyen a la primera.
Los días siguientes conviene:
Fomentar que el niño tenga buena imagen de sí mismo. Valorar las cosas que hace por su cuenta. Permitirle que tome decisiones.
Reconocer y poner nombre a otros sentimientos: aparte de “miedo”, el niño siente alegría, pena, dolor, enfado, rabia, preocupación... Los padres también.
Ser coherentes en el trato con el niño y procurar que también lo sean las demás personas que le cuidan. Los niños son muy sensibles a las contradicciones en que a menudo incurren los adultos. Muchas “mentirijillas” de las que se dicen a los niños a la ligera, tienen como consecuencia que socavan la confianza en los adultos.
Poner límites claros en el comportamiento y en la vida diaria. Esto es algo que los niños agradecen pues les proporciona seguridad.
Demostrar cariño al niño a manos llenas. Mejor que con cosas y regalos, con frases, sonrisas y contacto físico. Los niños rodeados de amor, crecen más seguros.
Alabar cada progreso del niño.
Las noches siguientes debemos continuar con el ritual de “hablar” con el muñeco o con el amigo invisible, recordándole que es el protector del niño, y que los papás confían en él. Si decimos “Gracias, pingüi, has cuidado muy bien a mi niña. Veo que podemos confiar en ti” , en el fondo, es un mensaje de apoyo a la niña.
Lo que NO hay que decir o hacer
Decir “No seas bobo, los monstruos no existen” o “Las niñas grandes no tienen miedo.”
No interesarse por el problema, no hablar de ello, negarlo.
Hablar de los miedos del niño con otra persona, delante del niño. Ridiculizarle.
Castigarle. Amenazarle. Prometer premios o castigos.