Es normal que el niño intente retrasar la hora de dormir con continuas súplicas y pidiendo más besos, otro cuento o más agua. Para él dormir significa no poder jugar, despedirse de sus padres y quedarse solo en la oscuridad durante mucho tiempo.
Con suavidad pero con firmeza, los padres deben poner el punto final. Aunque algún día, haya "propina". Si los padres ceden a menudo, el niño sabe que puede presionar cuando quiera. Si desde el principio se establece una rutina, una norma, el niño sabrá a qué atenerse.