Darle un cachete. En general solo ayudará a que empeore la rabieta. (Indica que el niño ha perdido el control y sus padres también).
Gritarle. Serán dos personas gritando a dúo, sin escucharse. Subirán el tono.
Ceder al capricho, “para que no monte el numerito”. Esto equivale a premiar al niño por el berrinche. Y por tanto aprenderá que, la próxima vez, solo tiene que llorar un poquito más. Y volverá a intentarlo.
Ceder por las presiones de la pareja, los abuelos o las personas que estén presentes. Es una situación incómoda, pero es usted quien debe manejarlo ahora y en el futuro.