A esta edad el niño todavía no comprende plenamente los conceptos de norma y aviso. En la mayoría de los casos no vale con decirle las cosas una sola vez, es necesario repetírselas varias veces, ya que el niño aprende de sus errores.
Si estos avisos se repiten de manera constante cada vez que el niño se comporta mal, se habrá establecido para él una norma.
Cuando haga una advertencia a su hijo, asegúrese de que lo ha oído y de que lo ha entendido. Debe mirar al niño y el niño debe estar mirándole.
También conviene ser claros y concisos. Una recomendación tan difusa como “tienes que portarte bien” no sirve con un niño de 2 años. Es mejor decir: “No te puedes poner de pie en el sofá”, “No tires la comida al suelo”,... Refiérase a actos concretos.
A la hora de enseñarle disciplina, no debemos exigirle más de lo que pueda asimilar. Las normas de conducta que los padres decidan establecer deben ser realistas y razonables y siempre deben tener en cuenta el carácter y la personalidad del niño.
Conviene hacer hincapié primero en las normas que tienen que ver con su propia seguridad y con determinados comportamientos agresivos, dejando para más adelante las que se refieren a comportamientos sociales.
Las normas deben ir aumentando gradualmente en número, a medida que el niño las va asimilando.