El castigo físico (sea azotaina, cachete, o zurra) NO SIRVE PARA NADA. El mensaje que recibe el niño es el siguiente: “Los adultos también pierden el control y se ponen muy desagradables”.
También aprende que es lícito pegar a otros (especialmente si son más débiles). Él también considerará lícito recurrir a la violencia.
Los castigos de otro tipo tienen alguna ventaja, pero también tienen sus limitaciones.
Nunca debe castigarse a un niño con insultos ni humillaciones. Ni en público ni en privado. La autoestima del niño se debe preservar ante todo.
Se puede castigar la conducta, pero dejando claro que se sigue amando al niño. Los castigos deben ser proporcionales a la falta (y siempre con tendencia a la benevolencia).
Conviene que sean inmediatos para que el niño relacione la falta con su consecuencia. El niño debe tener clara cuál era la norma que ha incumplido.
No se debe castigar ni reprender si no había una norma previa.
Se deben considerar las circunstancias “atenuantes” para el niño. Estar cansado, estar enfermo, en un contexto extraño, con otro cuidador...
Cuando los padres sientan que han sido injustos con el niño, que han sido demasiado severos con él debido a situaciones ajenas a su voluntad (estar cansados, tensos por otro motivo,...), pueden y deben pedir perdón al niño, explicándole su error.
Para el niño será un aprendizaje importantísimo descubrir que: