
En su origen el árbol de hoja perenne se relacionaba con celebraciones paganas al nacimiento del dios del sol y a ritos de fertilidad en el norte de Europa.
En la tradición cristiana, el árbol simboliza también el árbol del paraíso y de la vida eterna por ser perenne.
El verde es un color característico de la Navidad por lo que es tradicional utilizar abetos, musgo, muérdago y acebo para decorar. En la actualidad, el musgo y el muérdago están en peligro de extinción, pero no ocurre lo mismo con los abetos, que se cultivan especialmente para estas fechas.
En la mayoría de las familias es tradicional elegir el árbol y decorarlo con los niños. Una opción muy práctica -y económica- son los árboles artificiales, que permiten que los niños puedan decorarlos con facilidad al poder elegir el tamaño. Además, de esta forma, se evita el gasto de comprar un abeto nuevo cada año.
Si optamos por el abeto natural, al terminar las fiestas existe un servicio de recogida que permite replantarlos si los árboles tienen raíz. Los padres partidarios de esta opción pueden aprovechar esta ocasión para explicar a los niños cómo se produce este proceso y la importancia de respetar los árboles.

La decoración del árbol de Navidad depende de los objetos decorativos que dispongamos. La mayoría de las familias dispone de bolas de diferentes colores que, por lo general, se cuelgan de las ramas de los abetos. En el mercado existen otros objetos de formas muy variadas (Papá Noel, lazos, manzanas...).
Suscríbete gratis a nuestros boletines:
Recibirás información personalizada sobre el embarazo, el bebé y el niño.
Lee los artículos más recientes de nuestras madres colaboradoras y danos tu opinión.Síguenos en: