A lo largo del segundo año de vida, el niño desarrolla también sus habilidades manuales. Manipula los objetos con cada vez más destreza y amplía así las posibilidades de descubrir su entorno.
La vista y el cerebro juegan un importante papel en la adquisición de habilidades.
Si la visión no es correcta, el niño no puede acertar a coger un objeto. Mediante la vista dirige los movimientos hacia partes concretas.
Por su parte, el cerebro es el que controla los músculos: la fuerza que deben ejercer, la dirección en que se han de mover...
El progresivo desarrollo y maduración del cerebro permite que muchos movimientos lleguen a ser automáticos. A su vez, a medida que el niño repite movimientos, el cerebro se perfecciona y aprende.