El desarrollo del sentido del oído es esencial para llegar a hablar. El niño debe poder oír sin dificultad y entender las palabras y las frases. Generalmente, a los quince meses el niño ya comprende ordenes complejas como "pon el cochecito en la caja".
El juego, de nuevo, es una herramienta inmejorable para estimular la comprensión del lenguaje hablado. Los padres pueden, por ejemplo, señalar partes del cuerpo al tiempo que las nombran. También pueden comentar los sucesos y acciones cotidianas, lo que ayuda al bebé a entender no sólo las palabras y su significado, sino el mundo en que vive.
De hecho es algo natural que los padres hablen a sus hijos de todo eso sin que nadie les diga nada. A veces uno mismo se ríe al descubrir que le está contando al bebé un montón de cosas, pero esto enriquece el mundo afectivo, sensorial e intelectual del bebé.
Las onomatopeyas y los sonidos que emiten los animales son el paradigma de la capacidad de comprensión y abstracción del bebé. Y suelen ser de las adquisiciones favoritas de los niños (aunque no sean "palabras"). Esto se debe a que el niño:
El niño comprende, pero ¿comprenden los adultos al niño? Pequeñas confusiones o incomprensiones pueden dar lugar a que el niño se sienta frustrado. Si no logra que entiendan lo que quiere, es normal que estalle en llanto o tenga una rabieta.